La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en marzo pasado que el origen del coronavirus probablemente pasó de los murciélagos a los humanos a través de otro animal, pero admitió que se necesitaba más investigación según el informe de la misión de 17 expertos internacionales, incluyendo especialistas chinos. El trabajo incluyó la visita a hospitales, mercados y laboratorios del país asiático, durante 14 días. Además, concluyó que era "extremadamente improbable" de que el virus hubiese llegado a los humanos por un incidente de laboratorio. 

El escenario de culpabilidades de la pandemia parecía cerrarse con el documento oficial del organismo sanitario de la ONU, pero no para Estados Unidos, que decidió abrir por su cuenta lo que Joe Biden denomina Fase 2 del estudio del origen del covid-19 y con toda la artillería de los servicios de inteligencia. El presidente busca transparencia científica con expertos internacionales independientes para evaluar la fuente del virus y los primeros días del brote.

Recientes informes atribuidos a servicios de inteligencia estadounidenses alertaron que en noviembre de 2019 tres miembros del Instituto de Virología de Wuhan fueron hospitalizados de urgencia, varias semanas antes de que China reconociera el primer caso de la enfermedad. Y en noviembre del año pasado los funcionarios de la embajada norteamericana enviaron cables reservados por la preocupación de Pekín por la bioseguridad en ese laboratorio.

Por eso ahora Washington busca gobiernos afines para presionar a China a fin de abrir una investigación global completa, transparente y basada en pruebas irrefutables, lo que no pudo hacer Donald Trump por su impericia política, los embates a la OMS y la falta de credibilidad de su política exterior. La reacción china a las nuevas directivas de Biden las considera una "politización" del rastreo del origen del coronavirus, que será difícil de encontrar, según afirman voceros orientales, que hablan más bien de virus político.

De avanzar la sospecha de EEUU y llegar a los responsables, será un tsunami internacional de reclamos diplomáticos si tenemos en cuenta los más de 168 millones de casos en todo el mundo, con 3,5 millones de muertes, y lejos de una inmunización de rebaño por vacunas que no han concluido el ciclo de experimentación y las lentas y polémicas campañas de inmunización en los países emergentes. Más  una colosal e incalculable demanda económica.