El propósito del gobernador bonaerense Axel Kicillof de traer 250 médicos cubanos para colaborar en la lucha contra el coronavirus, cuando alcance la mayor expansión en esa provincia, ha generado un contundente rechazo de la comunidad médica argentina y de la oposición por el alto costo de esta operación y por la escasa formación de profesionales que no estarán obligados a revalidar sus títulos ni la habilitación exigida a todos los trabajadores de la salud para desempeñarse en su especialidad. El planteo es similar al de otros países donde estuvieron estos contingentes que responden a uno de los principales ingreso de divisas a la isla, junto al turismo.
Según la experiencia dejada por las Brigadas Médicas Cubanas Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador y en el norte de Italia, donde fueron expulsadas, todo se reduce a uno de los principales negocios de exportación de La Habana que ronda los U$S 81.000 millones anuales, tras caer de los 110.000 millones hace una década, cuando se le fueron cerrando las puertas a este servicio muy cuestionado tanto por la formación de los médicos como por las implicancias políticas.
En Bolivia los brigadistas estuvieron 11 años por un contrato confidencial en el que el médico no cobraba sus honorarios sino lo recibía un representante del grupo y lo enviaba a la isla a través de la representación diplomática. Tampoco se regían por normas locales sino por la ley cubana en caso de denuncias por mala praxis u otras irregularidades. En ese país, como en Brasil y Uruguay, el trabajador cubano sólo percibía un 10% de los honorarios, una situación denunciada ante la OIT como una moderna forma de esclavitud garantizada por los familiares que quedaban en la isla como rehenes.
Pero más allá de la penetración ideológica y del sistema propagandístico de la revolución castrista lo preocupante es que se trata de médicos clínicos de cursos acelerados y enfermeros con escasa formación enviados para atener igual que los colegas argentinos, amparados en el DNU del presidente Fernández para afrontar al Covid-19.
Ninguna emergencia puede obviar la revalidación de títulos de grado y posgrado ni otros antecedentes para intervenir nada menos que la salud, y tampoco porque en la Argentina falten médicos para intervenir en cualquier emergencia ya que el país tiene uno de los mayores índices de médicos por habitante del mundo: 4 por cada 1000 frente a EEUU con 2,6 habitantes, tratándose de la primera potencia. Como si fuese poco, hay más de 170 médicos argentinos en el exterior que quieren ser repatriados y no lo consiguen. Y está la reserva de los nuevos egresados universitarios que por la crisis no pueden cumplimentar las habilitaciones no obstante tener excelente formación.
