Nadie que se precie de ser democrático debería estar creyendo en estos momentos que el triunfo en el balotaje del 19 de noviembre próximo dependerá exclusivamente de los acuerdos electorales que se puedan establecer en los próximos días. El ganador de la instancia decisiva de las elecciones 2023 será aquel que obtenga el mayor número de votos, es decir que dependerá de la voluntad popular y de la conciencia de cada ciudadano que ese día irá a la urna con el convencimiento propio de tener que elegir lo mejor para el país, y no porque la dirigencia de uno u otro frente se lo imponga, en un claro intento de avasallamiento a su libertad individual.

El armado político que se ha visto en estos días, especialmente en torno a la agrupación La Libertad Avanza (LLA), que lidera Javier Milei, y que ha tenido como partícipes a Mauricio Macri y Patricia Bullrich, es una muestra de la incidencia que puede tener un excesivo manejo de las voluntades electorales cuando no hay consenso entre todas las partes y se pretende imponer un criterio propio e individual. La adhesión expresada por estos dos dirigentes de Juntos por el Cambio (JxC) no ha sido compartida por el resto de los integrantes de esta coalición conformada por los partidos Propuesta Republicana, Unión Cívica Radical, Coalición Cívica ARI, Encuentro Republicano Federal, Generación para un Encuentro Nacional, Partido Demócrata Progresista y el Partido Nacionalista Constitucional-UNIR, lo que ha generado fuertes enfrentamientos con sus referentes. Pero lo más significativo es que tampoco ha caído bien en el electorado, que ha visto a esta actitud como una maniobra de último momento y un intento de dirigir la voluntad popular con cierta conveniencia y oportunismo hacia un sector sin tener la confirmación de que esos votantes están de acuerdo con seguir ese rumbo.

Quedar en el camino de estas elecciones generales detrás de Unión por la Patria (UxP), que postula a Sergio Massa, y La Libertad Avanza, con Javier Milei, no habilita a JxC a convertirse en aliado de este último, tras una campaña electoral en la que, precisamente, el líder libertario atacó muy duramente a Patricia Bullrich en varias ocasiones. Mucha gente con memoria no admite estos acuerdos de último momento y desea que se la deje en libertad de votar a quien crea más conveniente, sin sentirse presionada porque una estructura electoral lo disponga.

Por el lado de Massa la situación es diferente, ya que a UxP no se le ha sumado, en lo inmediato, ninguna fuerza tan controvertida como JxC. Pero de todas formas debe prestarse especial cuidado al manejo de la ayuda social y de los recursos que le otorga la posibilidad de estar conduciendo actualmente el gobierno, ya que puede ser un factor de influencia que atente contra la libertad individual, y esto tampoco es lícito. Han perdido el respeto a la dignidad y libertad de los votantes.

Lo ideal es actuar en la manera que lo han hecho muchos gobernadores y legisladores electos y algunos dirigentes de primera línea de partidos que han intervenido en las elecciones -entre los que se encuentra el mandatario electo por San Juan, Marcelo Orrego- de dejar en libertad a los votantes de manera que tengan la posibilidad de optar libremente por quien les indique su conciencia, demostrando madurez cívica y haciendo uso de lo que ofrece la democracia.