Hoy no pecaría de excesivo el afirmar que donde hay una persona hay un celular, con todo lo que ello implica. A nadie escapa que la hiperconectividad abre un menú de posibilidades. Pero, la tecnología de comunicación, en tenaz expansión, llega a desarrollar perfiles resbaladizos. Pero toda tecnología es así, aunque en el caso de los móviles inteligentes se dan modalidades de uso que llegan a ser compulsivas. Y este carácter de su utilización, para algunos irresistible pese a advertencias concretas sobre determinadas consecuencias, tal vez esté marcando el rumbo de la historia que hoy se está escribiendo. Informes difundidos recientemente revelaron que en la guerra que se libra en Ucrania, Rusia está sufriendo una notable cantidad de bajas humanas. El Ministerio de Defensa ruso, con relación a un reciente ataque que recibieron por parte de Ucrania, expresó: "Ya es obvio que la razón principal de lo sucedido fue la inclusión y el uso masivo, contrario a la prohibición, por parte del personal de teléfonos móviles al alcance de las armas enemigas". En otras palabras, la utilización de celulares permitió identificar la ubicación precisa de soldados, y así orientar maniobras.
La declaración se refería a una ofensiva que tuvo lugar a principios de año, en el que Rusia reconoció 89 bajas, aunque Ucrania estima que serían alrededor de 400, cifras que dan cuenta del papel crucial que juega el uso del celular por parte de las tropas. Rusia había prohibido a su personal militar el uso del móviles; pese a ello, los aparatos se fueron "filtrando" a las filas.
Existen diferentes maneras por las cuales puede ser datada con bastante precisión la ubicación de un usuario móvil. Una es por el uso de antenas, que componen entre todas una red, pero cada tres componen una célula (de ahí la denominación "celular"). El sistema puede determinar con bastante aproximación la posición del teléfono dentro de cada célula. Es clave conocer que cada móvil emite constantemente información a esta red o sistema, como el número de teléfono, empresa operadora contratada, identificación del aparato, entre otros. Pero, asimismo, dan cuenta de la posición de cada usuario los diferentes servicios de mensajería y redes sociales, la conocida "geolocalización" por GPS. Al posicionamiento por el sistema de antenas tienen acceso las empresas propietarias y obviamente los Estados. A la geolocalización puede acceder virtualmente cualquiera que se proponga hacerlo, valiéndose de medios pertinentes.
Todo esto abre un verdadero universo de posibilidades para el bien y para el mal. Por ejemplo, el desactivar acciones delictivas que siempre han asediado a las comunidades. Aunque también tales recursos pueden ser aplicados por facinerosos para perjudicar a la gente de bien. Pese a todo, la posibilidad de que los ciudadanos puedan ser auscultados constantemente en sus rutinas y desplazamientos implica una libertad cada vez más eclipsada. Una oportunidad para que legisladores evidencien su vocación por velar por la seguridad y la libertad de los ciudadanos.
