La evolución de la pandemia por el azote del coronavirus, que ha transformado la vida diaria de la humanidad, sigue dando lugar a diversas hipótesis sobre un flagelo tan imprevisto como letal. Todas las expectativas se centran en el aislamiento social como única medida efectiva para contener la enfermedad, ya que ningún país está en condiciones de afirmar que ha superado el brote y menos la vuelta a la normalidad. Mientras la ciencia busca intensamente la forma de contener la infección, se agita el mundo político y diplomático de Occidente para determinar si efectivamente el Covid-19 surgió de un laboratorio de China y si fue una situación accidental o deliberada.
Quien está al frente de las especulaciones es Estados Unidos, junto a sospechas de algunos gobiernos europeos que han instado al régimen de Pekín a dar un informe oficial acerca del origen del coronavirus en la ciudad de Wuhan, que los chinos dicen estar investigando también para llegar a las conclusiones aconsejadas por la diplomacia, o exigidas enfáticamente caso de Donald Trump quien fue categórico en admitir represalias si los chinos fueron responsables.
De todas maneras el mandatario norteamericano quiere comparar los argumentos chinos con las propias investigaciones de Washington, incluyendo el número de víctimas reales sobre las cifras reveladas por el país asiático. Al respecto el mandatario republicano tomó como ejemplo de las mentiras chinas al señalar que según cifras oficiales en el gigante asiático el coronavirus provocó 0,33 muertes por cada 100.000 habitantes, en tanto EEUU tiene 11,24 decesos por igual número de personas; Francia 27,92 y España 42,81. Algo de verdad puede haber en este conteo, ya que China aumentó de un día para otro un 50% de víctimas fatales. Por ello el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, acusó al Partido Comunista Chino de haber escondido y manipulado muchos datos desde diciembre pasado cuando la enfermedad se propagaba descontroladamente.
La Cancillería china rechazó el planteo estadounidense alegando que ningún científico de Wuhan se infectó y en tren de rumores dijo que el ejército de EEUU podría haber llevado el coronavirus a China. En cambio, para los científicos de uno y otro lado el SARS-CoV-2 (nombre oficial del virus) sigue siendo un misterio, descartando el origen en un murciélago porque no concuerda con ninguno de los coronavirus de ese animal, ni de la vida silvestre del lugar.
Lo bueno es que los científicos no creen que el virus esté ligado a investigaciones sobre armas biológicas, o que sea producto de bioingeniería, porque su estructura no muestra que provenga de tubos de ensayo.
