Se perfeccionó en la Escuela Graham y en la Alvin Ailey de Nueva York e integró el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, en cuyos talleres ha impartido clases, lo mismo que en la UNA. Ha trabajado con distintas agrupaciones y compañías independientes; y creado espectáculos variados. Y desde 2010 está al frente de Galpón FACE, un espacio cultural de producción e investigación artística. Esto es apenas un pantallazo sobre Inés Armas, la bailarina, coreógrafa, docente y gestora cultural santafesina, con marcado interés por proyectos interdisciplinarios y performáticos, que regresará a San Juan para dictar un seminario de técnica Martha Graham en Studio Uno (ver aparte). Desde Buenos Aires, dialogó con DIARIO DE CUYO.
– ¿Cuán necesario es para un bailarín manejar, o al menos conocer, distintas técnicas?
– Cada técnica es una herramienta más y para la profesión es necesario tener muchas herramientas, porque los coreógrafos no trabajan en una sola línea, van fusionado, entonces es importante estar formados en la diversidad. El coreógrafo va a pedir y el bailarín tiene que estar preparado, y no me refiero sólo a nivel intelectual, porque puede entender de qué se trata, sino a nivel físico, que la técnica haya sido pasada por el cuerpo es muy importante.
– ¿En el país hay investigaciones propias en contemporáneo, a nivel Graham o Limón por ejemplo; o son desprendimientos de ellas?
– Seguramente hay, todavía no tenemos nombres, la historia lo dirá; pero hay una frase de Martha Graham que me gusta mucho, “Nada empieza ni termina, solamente continúa”; la cultura es así. Tomar elementos de otras técnicas, Ailey, Limón, incluso de danzas urbanas, el breaking, el locking, que se desarrollaron en la calle y hoy se llevan al escenario, es una tendencia. La danza es un lenguaje en permanente transformación, en movimiento, por eso muchos coreógrafos investigan estos cruces, también con el folclore. Ojalá alguna trascienda desde nuestra Argentina, que tiene tantos y tan buenos coreógrafos y bailarines.
– Esa libertad tan propia del contemporáneo no pocas veces ha sido criticada por los más ortodoxos o puristas…
– Ocurre, siempre hay gente que quiere preservar lo que era y está muy bien también. Lo que pasa es que es imposible no transformar, porque los tiempos y las necesidades van cambiando, los cuerpos cambian, las formas de practicar cambian; y no es que sea mejor o peor. Es saludable, porque estamos hablando de artes vivas, de movimiento. La misma Graham lo encarnó en su momento, ella no quiso escribir la técnica, codificarla, porque siempre la pensó como un sistema de código abierto…
– Bajo esas premisas, parece que intentar academizarla -intentos hubo- será misión imposible…
– La academia siempre está y es valiosa para guardar y archivar conocimientos, pero también está la ebullición de la vida y el arte, que es pura transformación. No tenemos que pensar que son opuestos, sino dos líneas en las que se desarrolla la cultura. Creo que es muy importante que como artistas estemos con un pie en cada una, academizando y a la vez innovando, investigando, transformando. Yo hablo mucho de investigar, que cada estudiante investigue con su propio cuerpo, no que repita lo que le es dado.
– Lo que está claro es que la danza contemporánea no es una danza menor… ¿Está tan claro?
– Por supuesto, ninguna danza vale más que otra. Esos juicios de valor no sirven. Justamente, con una gran intelectual de la danza, Susana Tambutti, que dirige el Instituto de Investigación de la UNA, estamos presentando una obra visual en el CCK -Nombres que danzan-. En un mural enorme se exponen más de tres mil nombres de bailarines, coreógrafos y maestros argentinos del siglo XX, donde tenés una bailarina del Colón, al lado una del Maipo y otra que bailó folclore. Todas las danzas aportan a la cultura de la misma manera. Eso de darle más valor a una que otra me parece, si querés, una visión elitista.
– Y en cuanto al público ¿cuán necesario es que también maneje cierta información al ver una obra?
– Creo que es interesante cuando el público que disfruta ver danza empieza solo a querer saber más, a tener una mirada un poquito más profunda, porque comprender te hace ver todo más interesante. Para ver Graham es bueno, por ejemplo, saber un poco la historia de esta bailarina que fue bastante rechazada en los ámbitos del ballet por su tipo de cuerpo. Tenía las piernas cortas y el torso muy largo, algo no ideal en una bailarina clásica donde se destacan mucho más las piernas. Entonces ella, con bastante frustración, empezó a desarrollar más, desde su realidad, el movimiento del torso, conectado al acto primario de respirar; y luego a la contracción, que tiene que ver con el nacimiento y la vida. Hizo un desarrollo desde una “limitación” y eso es muy importante; y para el momento fue bastante revolucionario. Si el espectador se va interiorizando va a disfrutar más, es como ir agregando capas a la experiencia de espectar una obra.
Dato
Seminario de técnica Graham con Inés Armas. 28 y 29 de junio, niveles principiante, intermedio y avanzado. Studio Uno. Informes e inscripciones al 4320776.

