‘Che, che, cortenlá, déjense de joder’, alcanzó a decir Diego Andreoni, en claro tono conciliador. Para entonces se libraba el segundo cruce de insultos y golpes entre Franco Gómez (señalado como principal impulsor del problema) y un nutrido grupo de jugadores y simpatizantes de equipos rivales. Eran alrededor de las 19,30 de aquel domingo 16 de marzo pasado, cuando Julio Abdías Castro Agüero (32) entró en la escena: efectuó un disparo al piso y otro que se coló por el abdomen de Andreoni, provocándole múltiples y gravísimas heridas en distintos órganos. Lo llevaron al hospital Rawson, lo operaron y aunque debieron amputarle gran parte de una pierna, la esperanza no se perdió. Pero el daño en su cuerpo había sido tan grande, que no resistió y el jueves a última hora perdió la vida.
Entonces la causa por tentativa de homicidio contra Castro se convirtió en una de homicidio agravado por el uso de un arma de fuego en la que está claro quién fue el autor, porque el propio Castro confesó haber disparado, aunque intentando instalar la idea de que no quiso matar a nadie.
Todo pasó en la cancha de fútbol amateur Coralli, en Marquesado, Rivadavia.
El caso es investigado por el fiscal coordinador, Iván Grassi, y el ayudante fiscal, Pablo Orellano (UFI de Delitos Especiales), quienes deberán convocar a otra audiencia para imputarle a Castro el delito de homicidio. Sin embargo por ahora no está claro si el otro implicado en el problema, Gómez, debe o no seguir en la causa imputado de tener una participación principal en el trágico episodio.
Según la investigación, Gómez se peleó con un jugador rival durante un partido. Y ya en el ‘tercer tiempo’, siguió con sus provocaciones y protagonizó dos peleas, en la última de las cuales balearon a Andreoni.
Gómez admitió haber peleado pero negó haberle pasado un arma a su amigo Castro. Y este sujeto, también aseguró que Gómez nunca le pasó un arma.
Sin embargo ese punto en la investigación es confuso, porque una testigo aseguró que vio a Castro sacar el arma de sus ropas y disparar. Pero otros tres testigos dijeron que Gómez le había pasado el arma a Castro, acción que, por ahora, lo convierte en cómplice.
Según fuentes judiciales, Fiscalía buscará profundizar en los detalles que aporten esos testigos claves para saber si Gómez le pasó o no el arma a Castro.
La cuestión no es menor, porque haberle pasado un arma a un sujeto que luego la usa para matar a otro, configura en teoría el delito de participación principal en esa maniobra ilegal, en este caso homicidio agravado. La consecuencia es clara: le esperan al menos 10 años y 8 meses de cárcel.
Pero el asunto es muy distinto si no se puede acreditar que facilitó el arma, porque eso lo aleja de las sospechas y le permite recuperar uno de los bienes más preciados de toda persona: su libertad.