La decisión del presidente Javier Milei de que la Argentina salga de la OMS (Organización Mundial de la Salud) está fundamentada en varios aspectos, pero hay algunos que han sido primordiales al momento de evaluarse la medida y realizarse el anuncio correspondiente. Que la Argentina tenga que pagar 10 millones de dólares anuales, más los gastos de sueldos y representación de funcionarios asignados ante el organismo; que el país no reciba, bajo ningún concepto, financiamiento de la OMS y que nuestra nación no esté dispuesta a permitir que un organismo internacional intervenga en la soberanía y en la salud, son premisas en las que se ha basado este trascendental anuncio, el primero de una serie de desvinculaciones de organismo internacionales que el Gobierno argentino planea concretar próximamente.
En este alejamiento de la OMS se ha tratado de dejar en claro que el país no afronta ningún riesgo, ya que si hay algún proyecto de cooperación técnica en salud que otorgue algún tipo de financiamiento, estos se harán efectivos mediante la OPS (Organización Panamericana de Salud) a la que el país continuará perteneciendo. Salir de la OMS, no significa salir de la OPS que es preexistente y depende de la OEA (Organización de Estados Americanos).
Si bien la medida de alejarse de la OMS fue tomada directamente por decreto por el presidente Milei, en la elaboración de la propuesta intervino el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, y ahora tendrá que hacerlo el canciller Gerardo Werthein, quien será el encargado de efectuar el anuncio en el plano internacional.
Con esta acción, que está en sintonía con una decisión similar tomada por el presidente norteamericano Donald Trump, ahora Milei tiene previsto seguir próximamente con su retirada de otros espacios. Entre ellas podría estar el alejamiento del Acuerdo de París, en rechazo a la narrativa global sobre el cambio climático.
Respecto del accionar de la OMS, desde el Gobierno se dijo que las recetas de este organismo no funcionan porque son el resultado de la influencia política, no basadas en la ciencia. Además ha quedado confirmado su inflexibilidad para cambiar su enfoque y, lejos de admitir errores, elige continuar asumiendo competencias que no le corresponden y limitando la soberanía de los países.
