Fenómenos como las olas de calor, sequías e inundaciones tan habituales en estos últimos tiempos en todo el mundo, son causantes de daños en la producción agrícola, que hacen que el precio de alimentos básicos como las frutas, verduras, semillas, azúcares y cereales esté subiendo en forma permanente. Conforme a un estudio realizado por organismos internacionales vinculados al desarrollo de la producción agrícola, el aumento de las temperaturas tiene una incidencia directa en el incremento de los precios y, consecuentemente en el fenómeno de la inflación. Se ha calculado que de continuar las actuales condiciones climáticas, desde ahora y hasta el año 2035, la inflación anual de los alimentos de origen agrícola podría oscilar entre el 1,18 % y el 3,2 % según la región y la dureza con las que estas alteraciones climáticas puedan presentarse.
El cambio climático que se evidencia desde hace un tiempo amenaza todos los medios de vida, por ello es que desde distintas instituciones destinadas a velar por la producción agrícola se está señalando la necesidad de implementar medidas urgentes para evitar futuras crisis alimentarias. En este sentido existen soluciones que deben impulsarse en todos los niveles como la agricultura regenerativa, biodiversidad biológica en la producción de alimentos y cuidado del agua.
En el caso de América Latina, la región ha enfrentado un aumento en la intensidad de fenómenos climáticos como La Niña, que ha tenido un impacto en la disminución de las precipitaciones, poca disponibilidad del agua y en la producción de alimentos. Según la Organización Meteorológica Mundial, los desastres y el cambio climático dañaron la agricultura, la seguridad alimentaria de la región y arrastraron a más de 13 millones de personas a una crisis alimentaria aguda.
Tanto Chile como Argentina, afrontan la sequía más larga de su historia con 13 años de pocas precipitaciones, lo que está incidiendo decisivamente en la economía de ambos países.
Ante la amenaza latente que representan las alteraciones climáticas, se están impulsando algunas medidas para fortalecer la seguridad alimentaria y al mismo tiempo mitigar los efectos del cambio climático. Entre ellas se menciona la agricultura regenerativa, que tiene como objetivo mejorar y restaurar la calidad del suelo, biodiversidad y ecosistemas a través de prácticas que impulsan la regeneración natural. De igual forma, promueve la sostenibilidad en todo el sistema agrícola mediante la rotación de cultivos y reducción de laboreo, aumenta la fertilidad del suelo, la retención del agua, diversificación de cultivos e integra diferentes especies que sean resistentes a plagas y enfermedades.
Según la ONU en el mundo hay 2.600 millones de personas que dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada se ve severamente afectada por la degradación del suelo, por lo que recomienda la agricultura regenerativa como una solución. De la misma manera se está promoviendo la biodiversidad agrícola que se enfoca en sembrar variedad de plantas y cultivos, manteniendo la salud del suelo y previniendo plagas y enfermedades.
