En momentos de crisis económicas es cuando hay que tomar recaudos para evitar que los sectores más vulnerables de la sociedad se vean afectados por problema básicos como el de la alimentación. Las últimas mediciones de los índices de pobreza revelados por la UCA (Universidad Católica Argentina) determinaron que el 55,5% de la población del país vive por debajo de la línea de pobreza y que hay un 17,5% que lo hace en la absoluta indigencia.
Las franjas etarias más preocupantes son la de los adultos mayores y de los niños de 0 a 14 años. Esta última es la edad más crítica a la hora de hablar de la alimentación necesaria para garantizar el crecimiento y desarrollo del ser humano.
Con los niveles de pobreza en pleno ascenso y con una inflación que todavía no puede considerarse baja o controlada, el tema de la alimentación de los menores adquiere cada vez mayor relevancia por todas las privaciones a las que los niños se someten sin tener la posibilidad de consumir los nutrientes fundamentales para su crecimiento físico y psíquico. Todo niño requiere de una alimentación básica basada en proteínas que ayudan al crecimiento y aportan energía; vitamina A para defender al organismo contra las enfermedades; hierro para preservar las funciones mentales y físicas, y yodo para el sano desarrollo del cerebro infantil. Si todos estos componentes no están presentes en la alimentación que se recibe en los primeros años de vida, período que para algunos expertos va desde el nacimiento hasta los 4 o 5 años, mientras que otros los hacen extensivo un poco más, la nutrición será deficiente afectando una etapa clave con serias incidencias en el futuro de niños que pueden llegar a padecer trastornos de crecimiento físico y psíquico que los marquen para toda la vida.
Si bien, la provincia y los municipios están intentando mantener controlado este problema con la ayuda alimentaria que han podido asegurar, a pesar de las restricciones desde la Nación, los niveles de pobreza que tiene el país están incidiendo en que haya chicos, en pleno crecimiento que no se están alimentando como corresponde.
El aporte alimentario que se otorga en las escuelas a través de tradicionales programas como la copa de leche o de los comedores escolares no alcanza a cubrir este requerimiento ya sea porque hay mucha deserción escolar, hay padres que no envían a sus hijos a las escuelas o porque hay escuelas que no cubren este aporte que en algunos casos es de fundamental importancia.
Niños que viven con una o dos comidas al día, de las cuatro que son recomendadas, es una realidad que se vive a diario aunque a simple vista no parezca porque hay sectores que lo asumen como normal y eventualmente salen a reclamar las necesidades que están padeciendo.
Se está descuidando lo más preciado que puede tener una sociedad. Los niños que serán los hombres del mañana merecen plena atención alimentaria como prioridad ante una situación en la que está preocupando el destino de muchos de ellos.
