La Organización de Estados Americanos (OEA), organismo regional y continental creado en 1948 como un foro político permanente para la toma de decisiones, el diálogo multilateral y la integración de América, ha decepcionado en su actuación ante el bochornoso caso de las elecciones presidenciales de Venezuela del domingo último, donde el dictador Nicolás Maduro se autoproclamó ganador a pesar del fraude electoral denunciado por la oposición y por los insistentes pedidos de gran parte de la comunidad internacional de verificar las actas de votación que la Comisión Nacional Electoral (CNE) mantiene en la más absoluta reserva.

Presidida por el uruguayo, Luís Almagro, la entidad que tiene su sede en Washington intentó al finalizar la semana, a través de su Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia, no reconocer a Maduro como el presidente electo de Venezuela y condenar el fraude electoral y la represión ilegal dispuestas por el mandatario tras las elecciones presidenciales. Pero este propósito no se pudo concretar al no llegar a un acuerdo en ese sentido los 35 países miembros que integran la OEA en su condición de estados independientes. Diecisiete países se pronunciaron a favor de exigir las actas de votación en Venezuela, entre ellos Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Perú, Canadá y Estados Unidos, entre otros. Once se abstuvieron como, por ejemplo, Brasil, Bolivia, Colombia, Honduras y Antigua y Barbuda, y cinco se ausentaron de la reunión entre ellos Trinidad y Tobago, Dominica, la propia Venezuela y México.

Estados Unidos, Argentina, Uruguay y Paraguay habían presentado un proyecto de Resolución exigiendo que el régimen populista exhiba las actas de votación y cese la persecución política, pero un grupo de países liderados por Brasil y México impusieron la abstención diplomática y la iniciativa se cayó. Estos últimos países a los que se les sumó Colombia fueron claves para fortalecer a Maduro en un escenario inédito para América Latina.

Lo lamentable de la situación es que un organismo como la OEA no haya logrado consenso para condenar uno de los hechos más triste en la historia de la democracia en Latinoamérica. La reelección por tercera vez del dictador Maduro en circunstancias muy dudosas es lo que genera el descontento de la gran mayoría de la población que votó por el candidato opositor Edmundo Gonzáles Urrutia, y que se sabía ganadora. De la misma manera gran parte de los países que integran la comunidad internacional se han pronunciado en contra de lo acontecido en Venezuela, pero curiosamente la OEA no ha podido emitir una declaración condenatoria que es lo que se esperaba y lo que correspondía. El último anuncio de Almagro de que solicitará el arresto de Maduro a la Corte Penal Internacional, si bien es una medida efectiva y justa no tiene la contundencia necesaria ya que depende de otras acciones previas que deberían ir acompañadas con la dimisión del dictador a la presidencia de Venezuela para que se haga realmente efectiva.