Mientras el país se debate en tratar de solucionar los problemas macroeconómicos y otros afines a las finanzas públicas, hay un aspecto muy importante de nuestra economía que sigue siendo descuidado, sin que se le de la importancia que merece. En este caso se trata del cuidado y vigilancia del Mar Argentino en varios aspectos que van desde la protección de la soberanía nacional; evitar el avasallamiento de naves extranjeras que a diario ingresan a aguas territoriales sin especificar sus objetivos; controlar la pesca ilegal que se realiza en forma masiva llevándose numerosas especies propias de nuestro mar; detectar el ingreso clandestino de extranjeros por la amplia costa marítima que da al Atlántico y defender los recursos turísticos que en ocasiones se ven afectados como por ejemplo con la matanza de ballenas que en determinadas épocas del año llegan hasta la Península de Valdés donde cada años cientos de miles de turistas concurren al denominado avistaje de ballenas.

La tarea de controlar todo ese movimiento que ocurre desde hace tiempo está a cargo de Prefectura Naval Argentina (PNA), una de las Fuerzas Federales de Seguridad que está constituida como un cuerpo policial bajo la jurisdicción del Ministerio de Seguridad de la Nación. Este organismo es el encargado de la seguridad de todas las vías navegables interiores y del Mar Argentino, garantizado la navegación y las vidas humanas con su poder de policía y en su condición de auxiliar de la Justicia.

Históricamente, Prefectura se ha ocupado del patrullaje destinado a impedir que los buques de bandera extranjera, especialmente asiáticos, avancen sobre las aguas del Mar Argentino para realizar pesca ilegal y otras tareas de usufructo. El problema se presenta cuando se advierte las limitaciones materiales que tiene para cumplir con la tarea de vigilancia. Un informe emanado de la misma fuerza reveló que el equipamiento que se dispone es obsoleto y no está a la altura de las necesidades. Prefectura carece de naves de última generación necesarias para patrullar y realizar persecuciones de embarcaciones ilegales cuando ingresan a nuestras aguas. Lo mismo sucede con la falta de aviones, helicópteros y drones de largo alcance, equipados con material disuasivo para dar voz de advertencia y luego proceder más enérgicamente si las circunstancias lo determinan.

Esta ha sido la causa por la que en los últimos años el Mar Argentino ha sido blanco de centenares de embarcaciones que llegan desde los más recónditos lugares del planeta para llevarse valiosas cargas con nuestros recursos ictícolas.

De no poner el Gobierno mayor cuidado en esta área, que es tan amplia como la parte continental del país, el Mar Argentino y zonas de influencia seguirá siendo depredado, privando a nuestra nación de sacar mayor provecho de este recurso. En un país donde el hambre y la pobreza alcanza porcentajes siderales (48,3% de la población) desperdiciar los alimentos del mar y dejar que otros se los lleven es una actitud incomprensible que debe cambiar para bien de la gente y del país.