Los legisladores nacionales tanto de la cámara de diputados como de senadores, desde que asumieron sus funciones en diciembre pasado han estado en boca de todos por los sucesivos aumentos de sus dietas o intento de aumento, como en esta última ocasión, en que de acuerdo a lo previsto los senadores iban a pasar a cobrar una cifra superior a los $9 millones en bruto, y un monto cercano a los 8 millones en mano. Influenciados por las críticas del propio presidente Javier Milei y de la población en general, el Senado retrotrajo el incremento de las dietas que había sido acordado en base a la paritaria que cerraron los gremios estatales de 6,5% en dos tramos.

Cada vez que los legisladores nacionales han actualizado sus dietas, demostrando una total falta de solidaridad con el resto del pueblo argentino, el repudio ha sido generalizado y nunca se ha considerado que un miembro del Congreso Nacional esté percibiendo un haber que no sea suficiente como para poder vivir decorosamente.

En este último intento de mejora de las dietas, el monto al que se llegaba era tan exagerado, en relación a los demás salarios y la situación por la que atraviesa el país, que finalmente se decidió dar marcha atrás, pero suspendiendo la decisión solamente hasta el 31 de diciembre de 2024, es decir que dentro de cuatro meses se volverá a insistir en un nuevo aumento, esta vez basada en el porcentaje de mejora acumulada.

Hasta ahora solo se ha hablado de los senadores porque las dietas de los diputados no quedaron enganchadas con las paritarias de los trabajadores del Congreso, sino que se han estado ajustando por separado, como el aumento que dispuso el propio presidente del cuerpo, Martín Menem que ha llevado la dieta de cada diputado de esta cámara a más de 4,3 millones de pesos por mes.

Si bien es cierto que los salarios en dólares de senadores y diputados argentinos están por debajo del promedio de la región, representan hasta 5 veces más de lo que percibe un asalariado registrado del sector privado.

La dieta de un legislador está conformado por un salario básico; una suma adicional por gastos de representación que es un monto fijo determinado por la presidencia de cada Cámara; y finalmente, si un congresista vive a más de 100 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) percibe un plus por “desarraigo” calculado en el 14,2% del total de su dieta y gastos de representación.

En un país estabilizado el tema de la dieta de los legisladores podría pasar a un segundo plano, pero en la Argentina actual el hecho de que los diputados y senadores pretendan cobrar haberes que superan al sueldo establecido para el Presidente de la Nación, y muy por encima de los demás empleados de la administración pública, llega a marcar una total falta de sensibilidad por parte de este sector de poder que ha quedado, por esta actitud, en la más baja consideración de la gente.

Siempre se ha dicho de que el ejemplo se debe inculcar de arriba hacia abajo y no al revés. La falta de sensibilidad o solidaridad con los sectores más desprotegidos es evidente en algunos casos en que solo se considera el bienestar de determinados sectores. Hay otra consigna y es que en todo lo que se beneficie a un sector, en este caso estrechamente vinculado al poder como es el Congreso, se perjudica a otros ya que los recursos son los mismos y lo que cambia es la forma de distribuirlos.