La opinión pública reflejada en las redes sociales y en los tradicionales periódicos nacionales o provinciales, mostraron siempre su desconfianza sobre cómo fue la muerte del entonces fiscal Natalio Alberto Nisman, a los 52 años de edad, el 18 de enero de 2015, en su domicilio. Vinculada a su labor en la Unidad Fiscal-AMIA y, concretamente, “con su accionar vinculado al Memorándum de Entendimiento con la República de Irán”, a lo largo de una década transcurrida, parece verse luz en el trágico suceso.

Desde la escena oficial donde la máxima autoridad era Cristina Fernández de Kirchner como presidente de la Nación, la palabra suicidio fue empleada desde el primer momento y hasta se apoyó la edición de un libro con ese argumento. Abogado penalista, su trayectoria estuvo nutrida de temas judiciales de trascendencia pública notable, pero especialmente en casos vinculados al atentado a la AMIA, la causa por espionaje en la Ciudad de Buenos Aires y como denunciante en la causa vinculada al atentado a la AMIA. Nisman había acusado e imputado al gobierno de Irán y a los expresidentes Carlos S. Menem, acusado de “desviar la investigación”, y Cristina Fernández de Kirchner, “por encubrimiento”.

Encontrado muerto con un disparo en la cabeza en su domicilio hace diez años, surgieron todo tipo de especulaciones. Las crónicas de entonces explicaban que el disparo se realizó con una pistola que pertenecía a un subordinado suyo, el especialista informático Diego Lagomarsino.

Naturalmente, la muerte del fiscal Nisman desató una tormenta política y social, convirtiéndose en el único magnicidio ocurrido desde la vuelta de la democracia. Iniciada las investigaciones, los resultados de estas arrojaron “conclusiones contradictorias”. Hasta ahora. Porque después de diez años, la verdad parece surgir definitivamente.

“El fiscal federal Natalio Alberto Nisman fue víctima de un homicidio”, según la conclusión en un informe de 56 páginas dado a conocer hace unos días desde su sitio web por la Fiscalía General de la Nación y tras una década de producido el grave suceso.

A lo largo de estos diez años muchas fueron las críticas al accionar de la Justicia. Como fue el caso de Ralph Thomas Saieg, ex vicepresidente de la AMIA, quien califico de “vergüenza lo que tardaba la investigación, demostrando ser incapaces de ofrecer una respuesta sobre lo que sucedió”. Que lleguen ahora las condenas correspondientes.