"Con la tecnología que se utilizará para este censo, inmediatamente nos va permitir saber la zona y la variedad afectada por una granizada, e incluso la magnitud del daño que ocasionó. Estamos dando un paso adelante en la velocidad del procesamiento de datos”, dijo ayer el titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura, Guillermo García, en una fugaz visita a la provincia, desde donde lanzó el oficialmente el censo vitícola. Ya comenzó a capacitarse a los censistas y el 1 de diciembre empiezan a recorrer los viñedos. Con el trabajo de 5 meses que llevará relevar todas las viñas sanjuaninas se podrá "mapear" satelitalmente todas las fincas; y además de saber que variedades y cantidad de viñedos existen, también se precisará con exactitud y al instante el daño generado por una granizada o una plaga, y es más, hasta la variedad que se perjudicó. ¿Cómo? Con los datos que aportará la utilización por primera vez de un Sistema de Posicionamiento Global (GPS), que brindará información sobre latitud y altitud de cada viña sanjuanina. En abril del año próximo estarán los primeros datos y en la temporada 2011-2012 se aplicará.

Desde el punto de vista técnico, el VI Censo nacional arrojará datos sabrosos de analizar y de los cuales hasta ahora se carece. A través de un complejo software, el INV contará allá por el mes de abril del año que viene con una base de datos con posicionamientos de fincas -georeferencias- y variedades de uva que hay en cada una de las propiedades. Con esta información y haciendo una lectura de esos mapeos, los técnicos podrán detectar al instante cualquier cambio o anormalidad en los viñedos – en base a la coloración y al follaje- y con ello ejecutar medidas de remediación mucho más precisas y rápidas.

"Sabremos el grado de afectación y superficie en donde tiene presencia una plaga, como por ejemplo la peronóspora, que se detecta porque afecta la intensidad de color. En el caso del granizo, se detecta porque la piedra borra todo o gran parte del follaje”, explicó el técnico del instituto, Ramiro Cascon. Por su parte, García fue más allá: "Por ejemplo pondremos en pantalla todas las hectáreas de Syrah que hay en una zona donde cayó piedra y sabremos con exactitud el daño preciso que hay en esa variedad”.

Hasta el momento, los relevamientos sobre daños ante inconvenientes climáticos se hacían casi que de forma manual: el viñatero o los técnicos del INV o del Gobierno, informaban cuantas hectáreas aproximadamente se habían dañado, luego de un paneo ocular de la zona.

Entre los objetivos que se planteo en este censo, se apunta a derribar algunos mitos -por ejemplo si las variedades tintoreras superan los 20 millones- y así contar un información de primera mano para realizar pronósticos de cosecha.


Problemas a la vista


Según contó García, gran parte del éxito del relevamiento vitícola va de la mano de la información que brinde el viñatero. De acuerdo a lo que explicó el funcionario, hay fincas que tienen plantadas en una misma hectárea 2 o 3 variedades de uvas: por ejemplo, un Torrontés riojano y alguna hilera con criollas o cereza, y si bien el censista -14 en total para todo San Juan- hace un trabajo de campo para determinar a través de su follaje la variedad, difícilmente lo pueda hacer en cada una de las hileras -fundamentalmente en aquellas propiedades extensas-. Así las cosas, el técnico del instituto deberá confiar primero en la documentación que presente el propietario y principalmente en la palabra del viñatero.