Una tensa jornada se vivió ayer en Jáchal tras la decisión del gobernador Sergio Uñac de trasladarse a ese departamento para dialogar con los asambleístas que se oponen a la actividad minera tras el incidente del jueves 8 en Veladero. Es que cuando llevaba casi media hora hablando con la gente en la calle de manera pacífica, frente al municipio, primero le echaron un chorro de agua y luego huevazos mientras algunos activistas incluso largaron manotones al cuerpo del mandatario, que tuvo que ser evacuado con rapidez al interior del edificio comunal al tiempo que crecía la gresca entre agitadores, algunos de ellos de afuera de la provincia, policías y vecinos, en la calle. Tras el hecho, la reacción en las redes sociales fue a favor del mandatario con repudio a los asambleístas y en Iglesia la reacción fue muy distinta.
El Gobernador llegó a San José de Jáchal minutos antes de las 10 en helicóptero y se trasladó al municipio, donde lo recibió el intendente Miguel Vega. En el despacho del jefe comunal dialogaron a puertas cerradas y minutos después Uñac se dirigió a la calle, frente a la carpa, acompañado por sólo 3 custodios y algunos policías, mientras más efectivos se encontraban en las proximidades. Se especula con que la poca presencia uniformada fue una estrategia para no exaltar los ánimos de los asambleístas.
Lo que vino después fue un intento del mandatario por dar algunas explicaciones a los asambleístas, pero casi que no lo dejaban hablar por los constantes gritos y reclamos de algunos e incluso hasta algunos insultos. Lejos de perder la calma, Uñac intentó dar respuestas a los planteos, pero poco podía hacer porque el pedido constante era que ordene cerrar la mina en forma definitiva, mientras él señalaba que había dispuesto suspender las operaciones en Veladero.
Cuando ya habían transcurrido más de 20 minutos de un diálogo de sordos, porque casi que no lo dejaban hablar, Uñac comenzó a girar para dirigirse al municipio nuevamente, pero al momento de intentar retroceder primero fue un chorro de agua arrojado desde el grupo de manifestantes y luego empezaron a caer los primeros huevazos. Al tiempo que los custodios intentaban proteger al Gobernador, algunos le arrojaron manotazos y hasta hubo algunas caídas producto de los empujones. Lo que vino después fue un verdadero caos porque Uñac logró ingresar al edificio municipal en medio de una lluvia de huevos arrojados desde la calle por los activistas, lo que dejó al descubierto que la maniobra del ataque estaba premeditada porque en ningún momento el funcionario agredió a nadie.
Con el Gobernador en el interior del edificio, los policías acordonaron el ingreso, con la participación incluso de algunos gendarmes, mientras que los asambleístas intentaban ingresar por la fuerza, pero fueron rechazados. La tensa calma volvió cuando llegaron efectivos de la Guardia de Infantería, pero ya lo peor había pasado.
En diálogo con LV5, sostuvo sobre el ataque que “fueron violentos, pero yo los respeto. Que no esperen de mí una respuesta en ese sentido. Primero porque no corresponde y segundo porque tengo que arrimar posiciones y conciliar, es mi trabajo y lo voy a seguir haciendo”.
