Para Oscar Atencio (61), la artesanía lo paseó en sus más de 35 años de experiencia en el rubro por todos los estados de ánimo y por qué no económicos: La euforia, la quiebra y el renacer de las cenizas. Este soltero, fanático de Independiente y matricero de oficio -hace moldes de todo tipo de piezas-, se especializó en la realización de estatuillas, apliques y cacharros, confeccionados en materiales tradicionales como cemento blanco o colada de cerámica. Pero luego de quedar en la bancarrota en el 2003 y perder su casa y taller, empezó a buscar los medios para salir a flote y allí se encaramó detrás de un microcrédito solidario (ver aparte) del Ministerio de Desarrollo Humano. Esto le dio la chance a Oscar de comprar nuevas matrices, resinas y materiales, pero lo que más valora es poder tener una obra social, aportes jubilatorios y un “facturero” para estar “con todas las de la ley” -lo dice en voz alta-, gracias al Monotributo Social.

“De quedarme en la ruina total y absoluta a esto de ahora, es un cambio enorme, grandísimo yo diría. En la época de Menem -y casi susurrando agrega al ministro Cavallo-, con el tema de todas las cosas importadas que llegaban al país y por las que se conseguían floreros por 2 o 3 pesos, a nosotros aquí nos liquidaron y yo me metí en un crédito del CFI para poder seguir y así me fue, peor aún de como estaba. En el 2001 con la crisis empezó todo y en el 2003 me remataron mi casa y tallercito que tenía en La Bebida (Rivadavia), perdí todo lo poco que tenía”, relata con tristeza Oscar ese periodo desagradable que le tocó pasar.

Oscar es uno de los pioneros de la Feria de las Pulgas, que nació allá por el año ‘84 y que con el transcurrir del tiempo consiguió la personería jurídica, que les permitió acceder a algunas líneas blandas de crédito. El primer dinero fresco que recibió fue una partida de 1.500 pesos en octubre del año pasado y luego otra de 2.500 pesos, que por tratarse de un crédito solidario lo puede devolver en 6 meses y sin pagar un sólo centavo de interés.

“El Artesano”, razón social con la que figura en su talonario de facturas -cuenta orgulloso-, logra cada domingo en la Feria alzarse con unos 1.000 a 1.200 pesos. “Se vende bien y vivo de esto, pero la mitad de lo que recaudo se va en los costos del material. Además ahora si quiero venderle a cualquiera o salir de la provincia tengo todo en blanco y el que dude le muestro mi facturero”, comentó entre risas. Y agregó, “¿sabe qué? Me siento legal. Siempre hemos sido orilleros a la ley y ahora eso cambió y a uno eso lo hace sentir verdaderamente orgulloso”.