Fue una linda noche a finales de 2010 en un restó de Libertador en Desamparados. Contrariando la opinión común descubrimos que hablar de los mercados de capitales o mercados financieros puede ser la cosa más divertida. La taquilla de películas como Wall Street o Margincall confirman este aserto. Mientras saboreábamos exquisitas delicadezas regionales (escabeche de conejo y pasta de aceitunas para empezar), Roberto Ruarte, consultor senior, docente, conferencista, un resultado típico del ascenso social de nuestro país como hijo y sobrino de asalariados, se despachó por horas contando anécdotas y tirando pronósticos mojando de vez en cuando la garganta con un profundo Syrah que le invitamos.

Llegó un momento en que comenzamos a desconfiar de la racionalidad del editor de Ruarte’s Report, newsletter especializada de circulación en América y, más aún a sospechar de la excesiva fuerza del Petit Verdot de Casa Montes. Fue cuando nos dijo que el Merval, Mercado de Valores de Buenos Aires, índice que promedia el valor de las acciones de un panel variado y variable de las principales empresas de Argentina, superaría los 10 mil puntos antes de 2015 y… (prefiero por ahora no contar el final). En ese momento, 2010, nada, pero nada hacía pensar que eso podría ocurrir cuando el indicador apenas rondaba los 1.300 puntos. Pero, bueno, aquí estamos, con un Merval lejos por encima de los 12 mil puntos. ¿Cómo podía nuestro amigo predecir lo que ocurriría sin conocer siquiera quiénes gobernarían tanto el país como su economía dado que faltaba un año para las elecciones de 2011? Tampoco se avistaba la salida de la crisis mundial originada en el sector inmobiliario de USA en 2008 que dejó al mundo desarrollado en recesión ni qué pasaría con el petróleo, el crecimiento de China o la vuelta al juego grande de Rusia. Le tuvimos que preguntar para ser sinceros y no aparentar divertidos aplaudidores de cualquier verso. “Yo me concentro en estudiar series numéricas”, respondió.

“No me interesa quién gobierne porque puede haber dudas, pero tengo la certeza de que existe la serie de Fibonacci”. Quedamos tan fríos como el helados. Roberto pasó a mostrarnos gráficos y tendencias de diversos países, me regaló su libro que abunda en detalles y soporte teórico. Hasta nos aconsejó videos en Internet en los que había anticipado euforias y depresiones en otros países de Latinoamérica. Creer o reventar, pero aquí, volvió a acertar.

Vamos a ver si le pega también al final, que me sigo negando a contar. ¿Quién supondría una suba tan violenta de nuestra Bolsa con un gobierno yéndose del poder, con precios controlados, inflación alta, reservas bajas y déficit comercial? Pues, es lo que está sucediendo. En el mercado hay compras y ventas que se relacionan con perspectivas buenas y malas. Cuando se piensa que todo irá bien la gente compra lo que se llaman activos de confianza, que son bonos, acciones y moneda local. Cuando no, se va a los activos de desconfianza que son, oro, dólar, euro o propiedades. En nuestro país se están comprando los primeros.

Cuando se compra bonos, que generalmente emiten los Estados, se cree que el emisor pagará a su tiempo los intereses y devolverá el capital. Cuando se adquiere acciones se tiene la convicción de que la compañía comprada tendrá beneficios en sus balances y su cotización subirá. Cuando se toma posición en moneda local, se cree que entrará al país más dinero del que sale y se revaluará nuestra moneda respecto de las demás. Por el contrario, cuando se viene un temporal muchos buscan refugio en el oro, gemas o metales preciosos, se pasan a moneda extranjera, se retiran las inversiones o, como aconsejó el viejo Rothschild: “Cuando veas que corre sangre por las calles, compra propiedades”. Evidentemente en Argentina la gente común, que es la que opera en la calle todos los días comprando, vendiendo, ahorrando o gastando, está suponiendo que el futuro será mejor que el presente y está contribuyendo con su optimismo a que las cosas mejoren. ¿Razones del optimismo? Nuestra acción en los mercados es principalmente afectiva. Isaac Newton es conocido en el mundo de la Física por haber descubierto la ley de la gravedad, pero en el mundo de la especulación financiera se lo conoce por su frase “Yo puedo calcular el movimiento de las estrellas, pero no la locura de los hombres”. La pronunció luego de perder por codicia todo su dinero en la compra de acciones de la Compañía de Indias del Sur.

Paradójico que el descubridor de que todo lo que sube baja, pensara que esas acciones subirían siempre. Entre nosotros predomina un clima general de confianza a pesar de que no está claro todavía quién conducirá los destinos del país de diciembre en adelante y que haya diferencias importantes en los programas que vienen exponiendo los principales candidatos. Eso es lo que está tirando los números arriba. Es clara la intuición de que los activos argentinos están por debajo de su precio “natural” comparados con empresas del mismo tipo y tamaño en la región. Pero, ojo, no sigamos el ejemplo de Newton, recordemos que siempre que llovió paró y que todo lo que sube, baja.