Que San Juan sea la cuna donde se confeccionen las reconocidas mundialmente remeras Lacoste duró apenas 14 meses, luego que la firma Vesuvio decidió darle de baja a esta línea de producción y también recortar a la mitad la fabricación de camisas de mujer, según confirmaron a DIARIO DE CUYO fuentes empresarias, gubernamentales y sindicales. La textil de capitales europeos, en septiembre de 2012 y con la presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (ver recuadro), había inaugurado la ampliación de su planta en Pocito y dado el puntapié para que desde estas tierras salgan las remeras del cocodrilo.
La decisión de la compañía está atada a supuestos ‘’problemas de mercado’’ y ‘’altos costos de producción’’, por lo que la nave industrial que por entonces se habilitó quedó funcionando sólo al 25% de su capacidad, de un global de 3.000 m2 que dispone y que demandó una inversión -entre máquinas e infraestructura- de unos 6 millones de pesos. Así las cosas, al menos 80 personas perdieron el trabajo entre enero de 2013 y febrero de 2014 -dato de la Asociación Obrera Textil local-, aunque voces internas de la empresa elevaron ese número a 200. En este último tiempo hubo asambleas con los trabajadores para calmar los ánimos, tras la batería de despidos y los rumores puertas adentro (ver aparte).
De acuerdo a la información recogida por este diario, las máquinas del área ‘tejido de punto’ siguen en la planta y sólo una parte del personal logró ser reubicado en otras secciones. Que todavía se mantengan los equipos en San Juan alienta la posibilidad que, más adelante y cambiando el escenario económico, vuelvan a echar a andar las maquinas.
El plan inicial de la compañía era que desde San Juan se pudiera cubrir la demanda de remeras del mercado interno y exportar una parte de la producción, todo de la mano del plan encarado por el Ministerio de Industria de la Nación de sustituir importaciones. En la inauguración, el CEO de la empresa llegó a hablar de producir ‘’unas 800 mil remeras’’.
‘’Estas empresas grandes cuando pierden competitividad lo que menos quieren es perder plata y buscan ponerle un coto a la situación, que en este caso es frenar la producción y desprenderse de la gente. Lo bueno es que mantienen los activos’’, explicó por lo bajo una fuente empresaria. La compañía está otra vez produciendo sus remeras en Perú, a un costo ‘’sensiblemente más bajo’’ que el que tenía en Argentina. DIARIO DE CUYO tomó contacto con el gerente de la planta Vesuvio, Ricardo Du Silva, de origen peruano, quien se excusó de hablar para ‘’resguardar las políticas comunicacionales de la empresa’’. Tampoco desde la sede central en Capital Federal quisieron brindar detalles de la situación de la empresa.
Un aspecto clave que está envuelto en dudas es la cantidad de personal despedido. ‘’Son 80, no más como dicen por ahí. Es más, muchos fueron reubicados y los que se despidieron arrastraban fallas de conducta, como por ejemplo reiteradas faltas a trabajar. Pero a quien correspondió se lo indemnizó’’, contó el secretario General de la Asociación Obrera Textil, Roberto Vega. Hoy en la planta hay trabajando unas 320 personas.

