El campo sanjuanino mira de reojo el comportamiento del clima. Y no es para menos, porque el indicador que le garantiza a algunos cultivos gozar de buena sanidad y productividad en la época estival por ahora no les está dando la derecha: la cantidad de horas/frío, que se cuentan por el tiempo que el termómetro está por debajo de los 7,2ºC, es la más baja de los últimos 5 años y, aunque todavía quede por delante el invierno, en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ya preocupa que, a este ritmo, al fin de la temporada no se llegue a cubrir las horas necesarias, especialmente para los frutales (los de carozo), como damasco, ciruela y durazno. Las vides, que ocupan la mayor superficie en la provincia, por ahora zafarían al terminar la temporada, siempre y cuando con el frío puedan eliminar las hormonas que no colaboran con su brotación.
Según informó Sonia Silva, a cargo del Servicio de Agrometeorología de la Estación Experimental Agropecuaria San Juan del INTA, al 17 de junio se han registrado 246 horas/frío, cuando por ejemplo a esta misma altura del 2011 se habían contabilizado 343. Las horas de frío es un requerimiento natural de las plantas, así como necesitan de luz también necesitan de frío. Cuando se les cae la hoja, por ejemplo, la vid entra en un letargo y para salir de ese letargo necesita acumular determinadas horas de frío, eso es un estímulo para que reanude su actividad metabólica. En el caso que no ocurra, la floración es menos intensa y se reciente su productividad; por ende, hay un perjuicio económico.
‘’Cada vez el frío comienza más tarde, el invierno se posterga y el indicador de este año es otra muestra de ese comportamiento. Las horas de frío son pocas o muchas dependiendo el cultivo. Los cultivos que florecen en agosto necesitan acumular horas/frío hasta ese momento, pero después están otras que lo hacen en septiembre’’, explicó Juan Manuel Raigón, del INTA. Y agregó, ‘’ya es una constante que en los últimos no se llegue con las horas/frío. Hay variedades de durazno que tienen problemas de cuaje’’.
Por ejemplo, el almendro requiere entre 500 y 600 horas de frío por año, los durazneros unas 300 o 400 y el cerezo necesita de 900 a 1.000; mientras que la uva para vinificar entre 600 y 700. En el caso de los olivos el problema no es la cantidad de frío acumulado, sino los fríos extremos que se traducen en heladas -las peores son las tardías, que llegan con las plantas florecidas- y que dejan serios problemas en la fincas (ver aparte).

