El domingo que viene encontraremos dos fracciones más entre los 80 cm de la boleta electoral de las PASO. Son las de quienes nos representarán en el Parlamento del Mercosur, una por distrito único nacional y otra por delegación de nuestra provincia. Hasta el momento, ese organismo regional viene funcionando con nombramientos indirectos y en lo próximo lo será por elección de los ciudadanos según la agenda que se ha fijado cada país. Argentina lo hará en octubre y San Juan ha adherido al calendario federal. Como en todos los casos, corresponde a cada uno de nosotros, no dejar pasar esa boleta como una más, sino asumir la elección con la mayor responsabilidad. Puede que en este momento no se vea la importancia de esa representación, acostumbrados como estamos a mirar corto. Pero es el sueño de muchos que nos antecedieron pensando en la unidad latinoamericana rezada en versos de tantas canciones y regada con sangre de próceres cuyas estatuas hemos levantado en nuestras plazas. Así parecen haberlo interpretado los partidos y alianzas que han elegido para esas candidaturas a sus mejores hombres, todos los cuales significan, en cada fuerza, la gerusía que imaginaron los griegos, esa rara unión entre la voluntad que confiere el compromiso con lo público y la experiencia que sólo vienen con los años. La cintura cósmica del Sur pretende tener a los mejores sentados en las bancas emplazadas en Uruguay para que comiencen a urdir la trama de la tela de nuestra hermandad de tal modo que no se rompa, que tenga ataduras marineras donde corresponda y soldaduras eternas donde haga falta, porque tenemos una historia común y nos debemos también un futuro juntos. Entre los candidatos con mayores posibilidades según lo marca la estadística, aparece José Strada, el ministro estrella de Gioja que elaboró calladamente recorriendo el mundo en busca de sociedades y financiamientos, las formas complejas de construcción de tanta obra pública como jamás vio y posiblemente tampoco verá junta en tan pocos años la provincia de San Juan. Los recursos nunca están, siempre hay que buscarlos y, lo que no es fácil, ejecutarlos. Si alguien piensa que es un elogio, está en lo cierto. Por algo ha sido el único ministro que permaneció en su cargo los 12 años de un gobernador que entregará su banda con una popularidad del 80%. Del otro lado estará Armando Campos, un cirujano plástico atraído a la política por el deseo de contribuir al bien común, a quien no le hace falta un sueldo del Estado. Campos llevó su cargo de diputado provincial opositor con la dignidad del que dice lo que piensa durante 8 años, alternando la presidencia de su bloque con la vicepresidencia de la Cámara y siendo autor de más leyes que muchos diputados de la mayoría. La tercera fuerza propone al académico Alberto Sánchez, otro que llegó a la política guiado por la pasión que sólo se enciende en quien tiene principios y los quiere defender no importando costos ni malos ratos. Uno de ellos empuñará el cincel para esculpir la figura de esa única madre que hemos percibido en nuestros sueños y que unos héroes nos anticiparon. Es cierto, el Mercosur viene con el retraso propio de nuestra tendencia al encierro, de nuestros egoísmos y flaquezas. El Parlasur ya debería estar funcionando a pleno desde hace años. Es razonable la duda sobre sus avances cuando se ha perdido tanto tiempo y las asimetrías son tan profundas en nuestras economías, en nuestras leyes y en nuestra costumbre de cultivar más la enemistad que el acuerdo. Pero es la ilusión del futuro la que debe animar nuestras acciones de hoy. Actuar hoy pensando en lo que viene, porque será el resultado de lo que hagamos hoy. El próximo domingo es la oportunidad de dar un paso adelante. A no perderla.
Parlasur, Mercosur y después

