En la explanada hay cuatro enormes tanques de 45 toneladas cada uno que YPF usa para almacenar el combustible que mueve los proyectos mineros en la cordillera. Pueden contener nada menos que 320 mil litros de gasoil, o sea, lo que vende un mes una estación de servicio de alta rotación, o el tanque lleno de 10 camiones de gran porte.
Esos gigantes y sus bases, de 20 tn cada una, se hacen íntegramente en la flamante nave industrial de Urbino, una inmensa mole industrial que ocupa 27.000 metros cuadrados y que ayer inauguró oficialmente la familia Benedetti.
Un año y medio de construcción y $10 millones de inversión demandó la obra, ubicada en calle Corrientes, en el Este de Capital y a metros del anillo de Circunvalación. Las dimensiones del galpón -cuyo techo blanco se ve desde que uno se acerca a la Circunvalación- impresionan: 35 metros de ancho, 120 de largo y 14 de alto, y un puente grúa de 50 toneladas que se desliza en su interior y con el que mueven de un lado a otro las pesadas piezas metalúrgicas. El piso tiene 6.000 metros cuadrados de contrapiso para poder soportar el peso de las piezas de hierro doble malla, de 20 centímetros de espesor, que se moldean en la planta fabril.
Urbino guarda en su interior además maquinaria de última tecnología: Un pantógrafo que copia planos y corta diferentes espesores de placas de hierro de hasta 200 mm de espesor (20 cms), hasta 3 metros de ancho y 12 de largo; la primer soldadora sueca de
arco sumergido automática que llegó a Argentina para unir los enormes tubos de acero, dos grúas libres de 70 toneladas cada una, y en pocos días llegará de Italia una máquina cilindradora vertical que hace cilindros como si fueran de papel, pero con chapas de 35 mm de espesor por 50 metros de ancho.
"Es una de las naves mas grandes del país para este tipo de trabajos", dijo, orgulloso, Fabrizzio Benedetti padre, el que comanda la sociedad Urbino que componen con sus otros hermanos Augusto y Fabio (Sauro, el mayor, falleció). Fue también el que se emocionó hasta las lágrimas a la hora de los discursos, cuando llegó el gobernador Gioja y recordó los orígenes, de mucho esfuerzo para lograr el actual crecimiento. Urbino es el nombre del pueblo que en 1956 dejó su padre, Eugenio Benedetti, para venir con otras familias italianas a "hacer la América" a San Juan. Trabajó en la bodega Graffigna y cuando junto ahorros abrió una metalúrgica modesta en Salta y Brasil. En su tercera generación la planta fabril ahora emplea 200 operarios, cifra que planea triplicar en pocos años gracias al desarrollo de la minería. Un sector que ayer el gobernador Gioja volvió a defender con vehemencia (ver página 5).

