Los números oficiales son elocuentes. Por mes, el matadero de Capital da pérdidas por unos 190.000 pesos, según los cálculos de la Municipalidad. El lugar es considerado no sólo deficitario sino también obsoleto por las autoridades, debido a que las maquinarias e instalaciones cargan 45 años, en una historia signada por problemas medioambientales. Estas razones y otras motivan tanto a la parte oficial como a la oposición -con alguna variante- a proyectar el cierre del centro de faenamiento (ver aparte), aún sin fecha.

"Creemos que es obsoleto y da déficit, esta es la realidad, no es financieramente redituable", analizó Jorge Cerdera, coordinador de Gabinete a cargo de Secretaría de Ambiente y Servicios de la Capital. "Pero no podemos dejar más de 70 familias en la calle de la noche a la mañana", argumentó.

Un repaso por las cuentas municipales ratifica la idea: en el último balance cuatrimestral los ingresos generales dan poco más de 319.000 pesos y los gastos suman alrededor de 1.079.000 pesos. Así, lo que sale triplica y más lo que entra. La mayoría de los gastos se va en sueldos.

En el lugar, ubicado al Noroeste de Capital, trabajan hoy 96 personas, de las cuales 75 son empleados de planta permanente, 18 son pasantes, 1 es contratado y 2 tienen planes PEO. Buena parte de ellos llevan años en sus lugares y están próximos a jubilarse. Si bien el sitio se asocia con el gremio SUOEM por haber hecho allí su carrera su secretario general, Pascual Manchineles, también hay afiliados a UPCN. Para la oposición, según dijo el concejal de Actuar, Gustavo Usín, hay demasiados trabajadores para la tarea. Para Cerdera, son suficientes y no hay gente inactiva. Manchineles no quiso opinar. En este marco, fuentes municipales evaluaron que no hay ningún obstáculo político para cerrar el degolladero.

El matadero faena hoy sólo 3 días a la semana, los lunes, miércoles y viernes. Sacrifica al mes unos 1.100 vacunos, unos 80 cerdos y unos 35 lechones. En su apogeo, que oficialmente citan entre 1970 y 1979, faenaban hasta 5.600 reses mensuales, cuatro veces más que ahora. Aseguran en el municipio que la producción empezó a decaer a partir de 1980, cuando se faenaban unos 4.200 animales al mes. El ritmo nunca se recuperó: por problemas medioambientales, un karma de este sitio (ver página 5), en 1990 disminuyeron la actividad en el degolladero y fue relanzando en 1997, cuando se inauguró la planta de tratamiento de efluentes. El lugar siguió en picada, apuntó Cerdera, sobre todo desde el año 2000 hasta ahora. En eso coincidió con el concejal opositor Usín, quien expresó que el lugar "está totalmente desaprovechado".

Al servicio lo usan hoy 24 matarifes matriculados, es decir, capitalistas abastecedores de carne que si bien traen sus animales de afuera de la provincia (San Luis, Río IV y La Pampa, por ejemplo), trabajan con el mercado interno, según los datos municipales. Son pequeños y medianos empresarios locales que pagan un canon por los servicios: 80 pesos por la matanza de cada vacuno, 30 por cerdos grandes y 10 por lechón. En la práctica casi no se trabaja con ganado caprino ni ovino pero tienen regulado el pago, los primeros en 6 pesos por cabeza y los segundos en 9. El servicio, a grandes rasgos, consiste en la faena, apertura y lavado del animal, separación de achuras y reserva en frigorífico.

Para el concejal opositor Usín, una de las razones más fuertes por las que el matadero debe cerrar es porque "todos los vecinos de Capital están subvencionando injustamente a estos empresarios". Por otro lado, mientras que Cerdera recalcó que las carnes son aptas para salir de la provincia, el edil actuarista aseguró que las carnes carecen de permiso de SENASA para ese fin.

El matadero está instalado muy cerca de la Ruta 40, en un predio de 7 hectáreas y tiene una superficie cubierta de 3.200 metros cuadrados. Cuando se emplazaron las instalaciones en el lugar era una zona rural, pero luego la ciudad fue creciendo y el matadero se ha convertido en una amenaza para el medioambiente. Si bien se han hecho mejoras en este sentido, aún es motivo de queja constante para los vecinos por los olores nauseabundos que soportan diariamente.