A fines de 2010 una bodega neozelandesa había incorporado en sus etiquetas la información, por copa, de los gramos de dióxido de carbono que se emiten en la elaboración de su vino, esto es, su ‘huella de carbono‘. Una copa de 125 ml del vino, consumida en Nueva Zelanda, era responsable de 140 gramos de dióxido de carbono emitidos a la atmósfera. Una copa del mismo vino consumida en Australia, implicaba 190 gramos de dióxido. Era la primera experiencia de este tipo conocida en el mundo del vino.

La huella de carbono describe la cantidad de emisiones de gases efecto invernadero causadas por una actividad, de un individuo, de un producto o de una organización. Es el modo en que las organizaciones e individuos evalúan su comportamiento frente al cambio climático. Se obtiene a partir de la cuantificación de Gases Efecto Invernadero (GEI) que son aquellos cuya presencia en la atmósfera contribuyen al efecto invernadero ya que retienen la energía proveniente de la radiación solar que se emite desde el suelo. El cambio climático se refiere a los eventos ocasionados por el calentamiento global causado por el incremento de los GEI en la atmósfera.

El tema de la huella de carbono y la sustentabilidad están ya presentes en los principales mercados. Esto va a ser parte de las exigencias y probablemente, va a significar un mayor costo para las bodegas y para el consumidor final, lo que nos hace menos competitivos. En el mediano-largo plazo las trabas del comercio van a ir más por los temas de sustentabilidad, huella de carbono, huella del agua y responsabilidad social y por ello hay que estar atentos. En nuestro país las investigadoras Laura Alturria y Laura Abraham de la Universidad Nacional de Cuyo han realizado un estudio empírico aplicado al cultivo de vid en el norte de Mendoza.

Para el cálculo se consideran datos de insumos y labores del cultivo según las prácticas de manejo más frecuentes que se realizan. En este caso se tienen en cuenta los GEI asociados a la producción agrícola: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O). Estos gases se originan en cultivos a través de distintas prácticas como el uso de fertilizantes nitrogenados, los cambios de uso del suelo, entre otros. Cada uno de estos gases tiene un potencial de calentamiento global de la atmósfera, el cual para facilitar los cálculos de huella de carbono se expresan en equivalente de dióxido.

El dióxido de carbono puede tener una persistencia de 500 años en la atmósfera, mientras que el metano entre 7 a 10 años y el óxido nitroso entre 140 a 190 años. Estos gases contribuyen al potencial de calentamiento global. Se tomaron como base dos modelos vitícolas frecuentes: vid conducida en espaldero y vid conducida en parral. Para el análisis se consideran dos tipos de emisiones: directas e indirectas. Las emisiones directas son aquellas que se generan de la actividad en cuestión y son controlados por el productor o la empresa agrícola. Las emisiones indirectas son aquellas que el productor no controla directamente. El ciclo de vida para productos agroalimentarios incluye las etapas de producción primaria, transformación, distribución y consumo .

El estudio consideró solo la producción primaria. También quedan excluidas, dentro de la producción primaria, las emisiones asociadas al uso de lubricantes y a la construcción de maquinaria agrícola e implementos agrícolas, ya que no se encontraron datos confiables de coeficientes de emisión de GEI asociados a estos ítems y se estima que la contribución asociada a estas emisiones es mínima. Para el análisis se establece como unidad funcional a 1 kg de uva obtenido en parral o espaldero.

Dentro de las actividades del cultivo se incluye: laboreo del suelo, aplicaciones de fertilizantes, enmiendas y de pesticidas y la cosecha. Para un rendimiento de 25 mil kilos por hectárea en parral y 15 mil en espaldero, se obtuvieron los valores de toneladas de dióxido de carbono equivalentes por hectárea y los kilos de dióxido por kilo de uva. Para el parral fue de 1,622 toneladas de dióxido por hectárea y para el espaldero 1,738 toneladas. Para el parral fue 0,0649 kilo de dióxido por kilo de uva y para el espaldero de 0,116 kilo de dióxido. Estos valores de CO2 equivalentes son una primera aproximación para evaluar la contribución al cambio climático del cultivo de vid en el norte de Mendoza.