Habrá sido por el año 2004. Se empezaba a salir de la crisis del default en que cayó el país en 2001-2002 y aún no habían transcurrido los 30 meses que tardó el ministro Roberto Lavagna para arreglar el primer tramo del canje de títulos con los acreedores. Como pueden suponer quienes no vivieron aquél tiempo, la incertidumbre exigía recurrir a los mejor informados para que quienes seguían comiendo dos veces por día fueran capaces de tomar decisiones y previsiones correctas en los plazos adecuados. Un gran publicista y asesor de empresas, uno de los más grandes de la historia de la actividad en el país, Horacio Diez, nos dijo en una conferencia “todos tienen que caminar como yo, cada vez que asienten un pie deben pensar muy bien qué harán con el otro”. Hacía referencia a las decisiones económicas y a que él camina con muletas desde muy joven. Por aquellos meses eran muchas las visitas a la provincia, despuntaba la minería y con ella la posibilidad de que San Juan fuera lo que terminó siendo, una isla de crecimiento en ese período. Estuvo también Rosendo Fraga. En un almuerzo en al Alkázar, único cinco estrellas en esos años, nos indigestó afirmando que Argentina podría volver a mostrar los números perdidos del PBI per cápita en 10 años. Habíamos caído tan fuerte que mirábamos con envidia a los vecinos Chile y Uruguay, por citar lo que teníamos más cerca. ¡10 años! La falta de costumbre de medir las inercias nos hizo estremecer.

Bien, un reciente informe de la Unión Industrial que refleja la secuencia no sólo de las décadas de este siglo sino también las últimas del siglo pasado, nos muestra que recién en 2011 volvimos a lo que habíamos tenido en 1974 no obstante el fuerte crecimiento desde 2005 en adelante. ¡1974! 40 años después nos encontramos en el mismo lugar para el Producto Bruto Industrial per cápita. Posiblemente caso único en un mundo que incrementó exponencialmente su capacidad fabril en este lapso. Si se toma como base el año 1970 y le asignamos en ese año el valor 100, Estados Unidos creció el 80 por ciento y Brasil el 68. Argentina solamente el 7. Italia duplicó su producción y Japón superó el 250%, Alemania, luego de haber reunificado y absorbido la tremenda pobreza del sector comunista, el 48%. Se reconoce que entre los años 2002-2010 hubo reindustrialización y crecimiento del sector pero la aceleración se transformó en línea plana de estancamiento desde 2011 hasta 2015.

Es la razón por la cual la UIA hizo llegar a los distintos candidatos a presidente un programa de sugerencias que cubre el período 2016-2020 y otras medidas más de fondo para mejorar la competitividad a largo plazo. Parte de un diagnóstico que no admite dudas: en 2008 el sector hizo un inventario máximo de 60.138 empresas, número que comenzó a declinar hasta la actualidad perdiendo 907 chimeneas para hacer fondo en las actuales 58.231. La pérdida se explica por un combo que incluye falta de divisas, estancamiento del empleo privado y del poder adquisitivo, la reducción de las inversiones con costos por encima de la inflación, regulaciones que han atentado contra rentabilidad y que han afectado los precios relativos y, como la fresa del postre, una alta presión impositiva. El último punto también es contundente, mientras en 2004 la presión tributaria combinada nación-provincias sumaba el 22% en este año es casi el 50% más (49,5%) registrando un total de 32.9%. La nación toma el 27% y el promedio provincial el restante 5,9%. La suma de factores negativos ha diluido la posibilidad de compensar rentabilidad con más volumen o mayor escala. Hecho el diagnóstico, los técnicos de la UIA proponen varias medidas, algunas, juzgan, de rápida implementación, alto impacto y bajo costo fiscal como mejorar condiciones para la inversión y la toma de empleo, promover el regreso de las exportaciones (por ejemplo producir la devolución automática de IVA y eliminar las retenciones para productos con valor agregado) y mejorar la competitividad derogando la ley de abastecimiento entre otras medidas.

En cuanto a medidas estructurales de corto plazo se pide: garantizar la provisión de energía con reglas claras para las tarifas, implementar un plan de transporte integral y promover un plan de desarrollo de proveedores basado en el poder de compra del Estado. A mediano plazo: mejorar las condiciones de financiamiento, abordar una reforma tributaria, auspiciar la reinserción internacional y fortalecer la investigación científica y tecnológica. Este plan integral de diagnóstico y oferta de soluciones para salir de la meseta es detallado en 30 páginas que abundan en cifras, cuadros y diagramas con datos de fuentes oficiales como el Indec y el Ministerio de Economía. Interesante para compulsar con los programas que en algún momento presenten los candidatos. Por el momento no lo están haciendo por ser la actual una etapa electoral previa y aún no se conoce definitivamente quiénes superarán las primarias.