Algunos indicios, señales ya conocidas, confidencias logradas y algo de lógica nos permiten trazar una hoja de ruta económica hasta el fin del mandato de Cristina. Los sucesivos, variados y a veces graves avatares a que nos ha acostumbrado el país nos obligan a ser prudentes en cuanto al grado de certeza de las afirmaciones pero creemos que la aproximación será suficiente como guía para nuestras decisiones individuales en lo que resta del año. Primero digamos que se piensa al dólar (tasa de cambio) como anclaje de la inflación, por lo que una devaluación que restituya competitividad a las exportaciones regionales y totales, quedará para la próxima gestión sea quien fuere que la conduzca. Se tiene claro que la devaluación, que alguna habrá, deberá estar siempre por debajo de la inflación esperada para evitar presiones sobre el dólar paralelo.
Eso viene dando resultado hasta el momento. El ministro Kicillof ha dejado trascender que la corrección oficial podría rondar el 15% por lo que a fin de 2015 posiblemente nos encontremos con un oficial de 10 pesos. La inflación se considera alta pero controlada y tendiendo a bajar respecto de temporadas anteriores, es lo que dan los datos de los primeros dos meses que son lógicos por la caída de la actividad. De mantenerse la progresión la escalada de precios de este año podría quedar debajo del 25%. Obvio, aún con la corrección calculada del 15%, el retraso cambiario se agudizará y más considerando que el Euro se devaluó ya el 20% y que el Real va por el 30%.
En esta combinación de variables, la contención de la inflación necesita que los acuerdos salariales de las paritarias no superen un promedio de entre el 28 y 30% que, por lo que se viene viendo es algo que puede funcionar. En realidad, si la inflación quedara debajo de 25, se podría estar ante una interesante recuperación del salario real, algo que vendría bien a las necesidades electorales del gobierno y más para una salida elegante de Cristina el 10 de diciembre. Dentro de esta misma lógica, si hubiera alguna novedad en la base imponible de ganancias, algo de que se quejan los trabajadores y que fue motivo de la huelga del martes, será solo después de que se hayan cerrado las negociaciones paritarias y siempre y cuando los acuerdos no superen la barrera del 30%. Una reducción del impuesto operaría igual que un incremento salarial y la presión sobre la demanda de bienes podría disparar otra vez la inflación, así que una vez terminadas las paritarias recién se podrá hacer cuentas y ver si es posible la modificación sin que rompa el equilibrio buscado.
Se juzga que el ingreso de reservas por liquidación de la parte principal de la cosecha de granos permitirá mantener la política cambiaria sin sobresaltos hasta el final del mandato y tal vez hasta alguna flexibilidad en las fuertes restricciones a las importaciones que se ven hoy. Las restricciones son obligadas por la caída de las exportaciones para mantener un leve superávit comercial. La gestión de Cristina ha puesto el acento en dos rubros: el consumo y el gasto público. Ya sabemos que la inversión y las exportaciones han sido prácticamente excluidas de la fórmula polinómica que mide la creación de riqueza. El ahorro que está en los bancos se presta casi exclusivamente para consumo. Esto se va a acentuar en los próximos meses. Esto tiene cierta lógica porque no hay tiempo para ensayar cambios de fondo y tampoco hay convicción sobre otro modelo.
Ya fueron anunciados planes para canje de electrodomésticos, la excusa es el ahorro de energía pero la finalidad real es fortalecer el sector ’blanco’ tan atractivo porque agrega confort a los hogares. Continuará y se acentuará el plan de compra con tarjetas Ahora 12 que funcionó muy bien. Pero el fuerte estaría en un gran plan de créditos hipotecarios a largo plazo, se habla de 20 años y al 20% anual que se fondearía obligando a los bancos a disponer del 7% de sus depósitos.
Habría un impacto rápido sobre la construcción y sobre la demanda de materiales. En esto llama la atención que una tasa del 20% anual puede parecer baja hoy, pero a largo plazo y con una economía más estabilizada, podría ser confiscatoria. Pero eso puede ser resuelto más adelante como ya lo fue el desagio de Sorrouille-Caputo, aquellos ministros de Alfonsín que idearon el Austral, plan de estabilización que incluyó un cambio de moneda.
El foco de esos beneficios serán los trabajadores registrados y la clase media, sectores que han mostrado alguna hostilidad hacia el gobierno en los últimos meses pero que son los que mantienen capacidad adquisitiva para esos productos. No son medidas que impliquen un plan de fondo sino de aguante hasta fin de año. Un plan de fondo requiere de un soporte político electoral que sólo tiene quien comienza a gobernar después de un triunfo y del que carece el que se está yendo. Expertos consultados juzgan que puede funcionar a condición de que se cumplan estrictamente los parámetros previstos; la devaluación debe ser siempre menor a la inflación para que no haya presión para la compra de dólar paralelo, las paritarias no deben superar el 30% y las liquidaciones de exportaciones de granos deben mantener el ritmo previsto. El gobierno aspira a que la economía de sus últimos meses de gestión neutralice el difícil clima político que acompaña a todo proceso electoral.

