Por el momento no tienen nombre. Sólo son un número que indica qué tipo de ensayo es. La idea es que tengan el mismo sabor que entrega la uva Moscatel. Lo cierto es que las primeras uvas creadas por el INTA en este milenio saldrán de la experimental ubicada en San Juan. Esto es muy importante para el país, ya que retoma las investigaciones en la genética de vides, luego que después de 32 años el técnico Ángel Gargiulo presentara en sociedad más de una docena de variedades, entre ellas la uva para pasas Arizul, también conocida como CG 351, lo cual fue muy importante para la Argentina. Chile en este sentido, al igual que Brasil, ya tiene un programa muy adelantado que les ha permitido crear nuevas cepas de uvas para mesa y pasas. En el país se cultivan alrededor de 12.000 hectáreas de uva de mesa. Corresponde a San Juan el 81% de esta superficie y el 12% a Mendoza. Las exportaciones han superado las 40 mil toneladas por un valor cercano a los U$S70 millones. En las últimas temporadas el sector ha entrado en crisis debido a diversos factores, cayendo el entusiasmo tanto de productores y exportadoras. Pero esto no quita que se siga investigando para mejorar el modelo de producción nacional de uva como fruta y ponerlo de nuevo en competitividad ya que San Juan tiene condiciones agroecológicas para este rubro que a su vez está muy ligado al rubro de uva para pasas. En el Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA se conduce un programa de mejoramiento genético de uva de mesa, orientado a la obtención de variedades de uva de mesa ‘sin semillas‘. Se aplica el término ‘estenospermocarpia’ para denominar a las bayas de vid que contienen rudimentos seminales, en lugar de semillas normales, originados por aborto del embrión. En la actualidad, hay una demanda creciente de nuevas variedades de uva que produzcan rudimentos imperceptibles para el consumidor. Además, las variedades logradas deben cumplir con requisitos de calidad y productivos, presentar facilidad de manejo y capacidad de conservación en frío después de la cosecha. La obtención de una variedad constituye un proceso, dividido en etapas, que insume un tiempo mínimo de 15 años, cuantiosos recursos humanos y espacio en laboratorios, invernáculos, y a campo. El proceso comienza con el cruzamiento entre dos variedades o cepas seleccionadas y terminará con la inscripción de la nueva variedad en el Registro Nacional de Cultivares.
