Un par de pescadores se encontraban a la orilla del río. De repente asoma una cabeza ahogándose corriente abajo. Se empeñan en sacarlo y lo logran, pero mientras comienza la reanimación, aparece otro clamando por ayuda. Se esfuerzan más y también lo quitan del peligro pero no alcanzan a recuperarse y vienen dos. Como ya eran varios, se organizan para la asistencia pero alguien dice: ¿Por qué no vamos a ver qué ocurre río arriba, por qué está cayendo al agua tanta gente? El emisario llega a un puente cuya rotura los transeúntes advertían tarde, les avisa e inician la reparación. Así, nadie más cayó y fue posible ocuparse de los que ya estaban heridos. Esta fábula aplica perfectamente a la teoría que dio origen a la Asignación Universal por Hijo. Este mecanismo de asistencia a los niños de las clases sociales más necesitadas incluye la obligación de que sus madres los manden a la escuela y les apliquen los sistemas gratuitos de atención de salud como la vacunación básica. La escuela cumplirá aquí el lugar de la reparación del puente. En algunos establecimientos hasta les dan de comer. Si los padres de estos chicos cayeron, habrá que diseñar algo para ayudarlos, pero ya están mojados. Si el puente no se repara, no alcanzarán brazos ni voluntades para ayudar a tanta gente. Se salva a uno y caen dos, se salvan dos y caen cuatro. Pero hay un daño colateral. Con una lógica que tampoco se puede discutir hay gente que, de buena fe y observando la realidad, cree que este método promueve la vagancia, porque hay ejemplos que lo confirman. La combinación de este plan y otros que no obligan contraprestación, permite a muchas familias vivir sin trabajar. En el campo ha costado conseguir cosechadores y no faltan quienes dejan sus modestos empleos conformándose con el monto de la asignación. Una familia con varios hijos puede cerrar un paquete que satisface necesidades mínimas pero suficientes para quien no aspira a más o no conoció otra cosa. El reclamo de quienes afirman que se desnaturaliza la cultura del trabajo no falta a la verdad, pero es erróneo. El plan no está dirigido a los padres, muchos de los cuales no salieron jamás a trabajar, no vieron a sus padres hacerlo y en algunos casos tampoco a sus abuelos. Son los que cayeron al río y para quienes es difícil la reanimación-inclusión porque, de darles trabajo, no sabrían qué hacer, tan alejados como están de la costumbre, de los horarios, de la puntualidad, de la constancia, del cuidado de los elementos y de no quedarse con lo ajeno. El Estado no los puede abandonar sea por caridad humana o sea por necesidad, porque ahí está la cantera de la delincuencia, la violencia, la plata fácil del narcotráfico y de todo aquello que llamamos ‘inseguridad‘. Pero simultáneamente debe evitar que esa fábrica siga abierta. De ahí que un complemento imprescindible sea poner las mejores escuelas en los peores barrios para que adquieran nuevos paradigmas desde la alimentación y la higiene hasta la solución pacífica de conflictos, otra forma de distinguir lo bueno de lo malo. Un resultado ideal sería que esos niños enseñen a sus padres, como ha ocurrido con muchos fumadores. En estos días estuvo en discusión en el Congreso el método para establecer la movilidad automática de los montos individuales que se pagan.

Lo que ha sido motivo de controversia desde un principio es el origen de los fondos. En su momento el gobierno, apurado por plagiar una iniciativa que era buena pero venía de otro origen, echó mano a la caja de las jubilaciones. Una decisión conceptualmente inaceptable. Los fondos de la Anses se deben invertir para mantener o incrementar el capital que debe dar sustentación a una proporción cada vez mayor de retirados, sea porque llegaron a la edad o porque se les concedió el beneficio por la ley de moratoria. Detraer dinero de esa caja para asistir al otro extremo de la línea, como son los niños, convierte al sistema en una bomba de tiempo.

La decisión del parlamento de regular su ajuste automático por el mismo sistema combinado conque se ajustan las jubilaciones es correcto, lo que no es correcto es la fuente de financiación. Quien sea que venga, cálculo actuarial en mano, debe cambiar eso.