Buenos Aires.- El último cuarto de siglo ha mostrado sin lugar a dudas un escenario mundial y nacional donde han ocurrido grandes transformaciones de todo tipo en materia comercial, financiera y tecnológica con un cambio en los mapas de poder del mundo que se han desplazado desde las fronteras tradicionales hacia países nuevos como el caso de los asiáticos y especialmente China.

Esto sumado a cambios de políticas económicas muy traumáticas en nuestro país tuvo consecuencias directas en la industria del vino y configuró a un sector muy distinto al que observabamos antes de los años ’90. 

El mundo cambió, el consumo de vino se globalizó, el comercio se expandió y los vinos argentinos luego de una transformación tecnológica modernizadora al comienzo de este período se adaptó comercialmente y se puso a la altura de los países más competitivos. Se convirtió en los primeros años de este siglo en una de las vitiviniculturas más exitosas junto con Nueva Zelanda y logró innovar con un varietal como el Malbec del que se apropió como diferencia competitiva.

Sin embargo, en los últimos años, un contexto macroeconómico agresivo frenó su expansión y aparecieron conductas defensivas en la industria que permitieron que no tuviera una caída tan significativa. Así el sector pasó a un espacio de mayor eficiencia, una concentración en los mercados más atractivos y al enfoque decidido en la potencialidad del Malbec para asegurar ventas en varios mercados.

Fuente: El área del vino