Hoy nos enfrentamos con problemas de excesos de vino que impactan en bajos precios y en expectativas desfavorables para la próxima vendimia. En este artículo pretendemos mostrar cómo se generan los excedentes y una forma de posible solución para los próximos acuerdos San Juan-Mendoza.
Históricamente el objetivo del acuerdo ha sido regular la oferta de vinos, diversificando el destino de la uva a la elaboración de mosto y acomodar la elaboración de vino a los que demande el mercado interno y externo. Todos los años se establece el porcentaje de uva con destino a mosto con este objetivo. Es evidente que últimamente no se está cumpliendo ese rol. Hoy la situación vitivinícola requiere un cambio para equilibrar el mercado y ayudar a mejorar los precios. Por ello y en función de lo aquí mostrado, tal vez sea tiempo de reformular sustancialmente la letra del acuerdo.
San Juan ha cumplido todos los acuerdos en cuanto al porcentaje de mostos y de esa manera ha logrado una vitivinicultura ordenada, equilibrada. En la infografía puede verse que a junio de 2016, la provincia llegaría con una cantidad de vinos equivalente a 4,1 meses de stocks. Cifra que puede considerarse como un stock técnico adecuado, que no muestra sobreoferta.
El cuadro fue confeccionado partiendo de las existencias al 1 de enero de 2015; a éstas se agregan los litros de vinos elaborados de la vendimia de este año. Luego, a partir de las existencias verificadas al 1 de julio de 2015; y considerando que los despachos de los primeros 6 meses seguirán la misma tendencia hasta el 1 de junio de 2016 (los restante 11 meses), llegamos a la conclusión que en la fecha cuando estarían disponibles los vinos de la próxima temporada (1/6/2016), San Juan tendría 72,5 millones de litros de vino que equivalen a 4,1 meses de despacho. Repetimos que esta cifra se considera un stock razonable de vinos para el manejo de las bodegas.
Haciendo el mismo procedimiento para la provincia de Mendoza, llegamos al 1 de julio de 2016 con casi nueve meses de stocks (693,4 millones de litros de vino). Esto puede verse en la segunda infografía que tiene la misma lógica y desarrollo de la anterior. De esta manera se explica que el no cumplimiento de los acuerdos por parte de Mendoza desequilibra el mercado de vinos.
Esta situación tiene repercusión en el medio sanjuanino, debido al mercado único de vinos en el país. El fuerte sobrestock vínico argentino hace que San Juan, aún sin presentar desequilibrios, venda a precios cada vez más bajos. Los valores del blanco escurrido de traslado en julio de 2015 son casi los mismos que en enero de 2013.
UNA EXPLICACIÓN DE LOS ARGUMENTOS DE ESTA SITUACIÓN
En la infografía adjunta se muestran los kilogramos cosechados de variedades criollas y cerezas de Mendoza y San Juan desde 2004. A partir de la relación de 1,27 se calcula la cantidad de litros de vino y/o mosto sulfitado que se podrían haber elaborado con esas uvas. Luego se ha colocado la cantidad de litros de mosto sulfitado efectivamente elaborado en cada año y por diferencia está el cálculo del vino que se realizaría en cada provincia, a partir de estas uvas que son reconocidas por ser de una calidad enológica inferior respecto a otras variedades, pero de muy buen rendimiento y contenido azucarino para hacer mosto.
La conclusión es que Mendoza habría hecho, desde 2004 hasta 2015, la cantidad de 2.408 millones de litros de vino a partir de estas variedades de uva, mientras que San Juan habría destinado en forma global toda la producción de estas variedades (y otras también) a la elaboración de mosto, ya que el balance en estos 12 años sería negativo en la generación de vino a partir de estas uvas.
Por lo tanto, Mendoza con los 2.408 millones de litros de vino elaborado ha contribuido a que en la actualidad tengamos un sobrestock de vinos de casi 700 millones de litros.
HACIA UNA SOLUCIÓN
El acuerdo San Juan-Mendoza tiene como objetivo diversificar los destinos de la uva para equilibrar el mercado vitivinícola y ayudar a mejorar los precios. Es evidente que últimamente no está cumpliendo ese objetivo. Por ello y en función de lo aquí mostrado, tal vez sea tiempo de reformular la letra del acuerdo. De esta manera y manteniendo el objetivo original del mismo, una forma de lograr el equilibrio es que el acuerdo determine (en lugar de un porcentaje de lo ingresado a bodega para destino mosto) que las uvas cerezas y criollas sean destinadas a la elaboración de mostos y prohibir su uso en la elaboración de vinos.
Esto tiene como ventajas:
– Equilibrar la oferta y demanda de vinos.
– Promover la diversificación y el destino de uvas del mayor valor enológico a elaborar vinos y las de menor calidad a hacer mosto.
– Elaborar un producto que tiene una demanda sostenida en el mercado. Calculamos elaborar 150 mil toneladas que serían vendibles en los mercados externos. Hemos colocado en algún año casi 210 mil toneladas.
Podemos mencionar como desventaja un posible bajo precio de estas uvas (dada la situación del mercado internacional del mosto). Pero esto a su vez redundaría en una valorización de las demás uvas al equilibrarse el mercado y “varietalizar” los vinos. Esto es que los varietales sean elaborados con uvas de esa variedad.
De esta manera, estamos estableciendo un acuerdo con la posibilidad de poder cumplirse y de esta manera lograr el objetivo de equilibrar la industria vitivinícola. De paso se van generando expectativas favorables de cara a la próxima vendimia.
