El destino de 470 trabajadores sanjuaninos se definirá en una mesa de negociación de la que vienen participando los máximos representantes del poder político y del sector empresarial. Los empleados de la autopartista Delphi son los que esperan con incertidumbre uno de los dos resultados posibles: el cierre de la empresa con la indemnización al 100 por ciento, o no quedar en la calle y seguir con otro dueño. Los que están poniendo todas las fichas para que se concrete la opción de la continuidad laboral son el Ministerio de Industria de la Nación y la gestión giojista. Del otro lado se encuentran los que están analizando la rentabilidad del negocio. En primer lugar, la automotriz PSA Peugeot – Citroën, el principal comprador de los mazos de cables que fabrica Delphi y que debe decidir si los sigue adquiriendo de la fábrica local. Y en segundo término, los interesados por la compañía. Uno es el empresario Enrique Ruffo, dueño de Cibasa y cercano al Gobierno nacional. El otro es Héctor Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), un hombre crítico del kirchnerismo y que no se ha bajado de las tratativas, aseguraron fuentes calificadas.

Delphi es propiedad del fondo buitre que conduce Paul Singer, Elliot Magement Corporation, que a su vez controla el fondo NML Capital. Cuando la autopartista instalada en la planta de Santa Lucía anunció en diciembre que cerraba sus puertas, San Juan y la Nación encararon las gestiones para que transfiriera el paquete accionario y continúe con otro dueño. Es que el impacto sería grande en la provincia, ya que son casi 500 trabajadores (con sus respectivas familias) que quedarían en la calle. Luego de dos meses de duras negociaciones, Delphi metió presión al dejar constancia en el acta de la audiencia de conciliación obligatoria de hace unos 10 días que después del 28 de febrero no garantizaba que las indemnizaciones fueran al 100 por ciento. Un cachetazo al ánimo de los trabajadores, para el caso de que se dé el cierre de la empresa. Por eso, la fecha límite que se fijó entre la autopartista, el Gobierno provincial, el gremio plástico y los trabajadores para llegar a una decisión fue mañana. Pero para eso, hay una traba netamente comercial, en el que se verá la muñeca negociadora de la Nación o, en todo caso, su voluntad de realizar un aporte económico. Sucede que los mazos de cables que Peugeot le compra a Delphi San Juan son más caros que los que hace Delphi Brasil. Entonces, para que la automotriz siga adquiriendo el producto a nivel local y no se incline por el brasileño (que son más baratos) tiene que hacer algunas concesiones o necesitaría de una compensación o beneficio que le pueda dar el Estado nacional. Peugeot es el principal sostén económico de la autopartista, ya que se lleva el 90 por ciento de la producción, por lo que si decide comprar en otro lado, la firma local no es rentable. Cabe aclarar que el precio de un mazo de cables hecho en San Juan y uno hecho en Brasil lo fija la misma Delphi. Así, la pelota quedó en la cancha de Peugeot, que debe dar la respuesta de si decide seguir comprando en la fábrica sanjuanina, luego de que haya negociado con la Nación los términos de su rentabilidad.

Con la automotriz como comprador de los mazos de cables, la autopartista sería viable, a pesar de que hoy da pérdida, ya que tiene maquinaria obsoleta y sin mantenimiento desde hace meses y que no hay insumos para trabajar, afirman todos los que conocen el estado de situación. Así, los posibles compradores en danza son, en primer lugar, Ruffo, que es el dueño de Cibasa, una firma que fabrica conectores. Además, es el coordinador de industria de la central empresaria CGE, tiene buena relación con el Gobierno, al punto que formó parte de la comitiva que acompañó a la Presidenta en su reciente viaje comercial a China, para buscar socios (y capitales) dispuestos a comprar Delphi, según señalan medios nacionales. El otro es Méndez, empresario plástico, titular de la UIA, que suele disparar munición gruesa contra medidas de la administración kirchnerista. Una alta fuente local señaló que todavía existe la posibilidad de la venta y a pesar de que esta última carta sonó al principio y se diluyó con el tiempo, en realidad siguió de cerca el avance de las tratativas y puede entrar al negocio “con un socio”. Las definiciones a este nivel político y empresarial ya entraron en tiempo de descuento.