Se llama José, igual que el bíblico carpintero, y como aquél, vive de los creaciones que salen de sus manos, al tallar en este caso, los pedazos de algarrobo que compra en el Norte argentino; o de las maderas ‘muertas’ que encuentra en fincas o en el campo. “Yo les doy vida con mis artesanías’’, dice José Riveros, un sanjuanino que se pasa el día en su taller en la calle 2 de Septiembre 54 Norte, en Capital; o en las ferias en las que participa y adonde cada vez es más invitado para exhibir y vender sus creaciones.

¿Cuándo aprendió la carpintería?, preguntó esta cronista. ‘’Tengo 58 años y creo que hace 58 años’’, dice, recordando que de bebé se acostumbró al olor del aserrín o a cargar bloques de la madera cruda en la carpintería de su padre, quien le transmitió las claves y gajes del oficio. Al crecer formó una sociedad con su progenitor en la casa paterna, ‘‘que desapareció cuando la época de la hiperinflación’. ‘Ahí comencé solo, con mi taller propio, hace unos 30 años y ése es hoy mi sustento’’, cuenta. José trabaja la madera pesada pero también combina con cueros, totora y algo de metal. ‘’En este momento estoy haciendo vitrinas en madera y puertas, y pronto comenzaré con banquetas artesanales’’.

El Ministerio de Desarrollo Social le dio un subsidio hace un tiempo -a través del programa de Economía Social- y con la plata que recibió compró una cepilladora nueva para la carpintería. ‘’El otro día le regalaron al gobernador Gioja un cofre mío, hecho en madera calada con una botella de vino’’, dice y destaca además que hay piezas de mueblería suyas que ya cruzaron el océano. ‘’He vendido para llevar a España’’, dice, orgulloso.