�Durante las dos jornadas anteriores, la gente se acercaba al lugar sin darse cuenta que el sol sanjuanino de septiembre ya empieza a asomarse, y ante esto aparecieron los oportunistas vendedores de sombreros. No les fue nada mal, ya que ambos días vendieron la mayoría del stock que habían trasladado al predio: el viernes los clientes fueron los alumnos, mientras que el sábado eran las mamás quienes no perdieron la oportunidad de comprar un lindo sombrero para pasar el día. Hubo otros casos que acudieron a sombrillas o colocaron el abrigo sobre la cabeza.