Siete años atrás personalizar la ropa era en San Juan algo ‘extraño’. Que un simple jean tuviera un estampado casi que no se veía. Pero con la cabeza puesta en que eso funcionaría, los entonces novios Sergio Figueroa (35) y Andrea Abadía (31) se lanzaron, con lo poco que tenían en ese momento, con un local comercial en donde la gente podía ir a elegir la tela, el diseño y el estampado que se le ocurriera, lo que les valió un duro primer año hasta instalar el producto, ‘Cloanto’. Arrancaron con dos maquinas de coser semi industriales en un local en Santa Fe y Mendoza, pero al año se instalaron en Tucumán 331 (S), entre calle Mitre y Santa Fe, lugar donde hoy ya son una fija para quienes les gusta personalizar la ropa, que por cierto cada vez son más.
‘Me acuerdo que empezamos con diseños muy locos. Remeras para hombres con diseños ‘animal print’ y te digo pasaban por la vidriera y seguían de largo. Nos parecía por momentos que era más la gente que se espantaba que la que entraba a comprar’, contó Andrea, que cuando la semillita comercial germinaba estaba con sus estudios de Letras y que le sirvió -leyendo uno de los tantos libros- ubicar el nombre del local que le quedó grabado a fugo.
Claro, por momentos hubo situaciones de zozobra y fue allí cuando apareció el perfil de administrador de empresas -carrera que empezó- de Sergio que comenzó a ajustar los parámetros de los diseños para que les permitiera vivir de él. ‘Empecé primero a ver el dinero que entraba y qué destino tenía. Priorizamos pagar el alquiler, reinvertir y con las monedas que nos quedaban tratáramos de vivir’, dijo Sergio. El negocio, una vez que se cambiaron de local y acertaron en lo que la gente buscaba, empezó a crecer. Compraron máquinas para mejorar las terminaciones: ‘La gente puede querer algo modernozo, copado y vanguardista, pero tiene que tener buenas terminaciones, sino como que lo miran de reojo. Todo el trabajo lo hacemos en el negocio’, agregaron.

