Tras un seguidilla de años con una economía ‘’recalentada’’ por un incentivo al consumo propiciado por el mismo Gobierno nacional, este año el escenario es otro y sólo basta con pasar por una casa de préstamos personales o buscar operar con tarjetas de créditos, que se evidencian otras condiciones. La clave para no caer en la ‘’trampa’’ radica en comparar las tasas de interés: en el mano a mano, el año pasado con respecto al corriente las tasas crecieron a un ritmo sumamente acelerado. En 2011 en la plaza local para pedir un préstamo personal de $10.000 -en 12 meses a tasa fija-, el Costo Financiero Total Anual era aproximadamente del 45% mientras que hoy en día ese indicador subió al 70%, es decir que el cliente tiene que devolver $17.000. Para el mismo ejemplo, pero con Tasa Variable, el CFT era de 35% y este año es del 45%.
Claro, el cuidado debe ser todavía más fuerte al momento de operar con plásticos. Es que la facilidad y la accesibilidad para obtener una tarjeta de crédito han puesto frente al mostrador a una cantidad importante de clientes, algunos desprevenidos. Las tarjetas ya no están entregando tantas cuotas sin interés como por ejemplo un año atrás (hubo planes de 50 y 60 cuotas). Con cuotas sin interés, el cliente le gana a la inflación, pero de lo contrario es una carrera sin equivalencias. Las tarjetas nacionales, excepto acuerdos puntuales con los bancos por promociones, difícilmente otorguen por estos días una financiación más allá de las 12 cuotas sin interés, pero en general promedian las 6. Así las cosas, recomiendan aprovechar promociones y evitar una financiación larga con interés.
