Adriana Graziani creció entre botellas y bebidas. Nunca pensó que en aquellos juegos en la fábrica que fundó su padre hace 60 años se convertiría en su pasión y escenario de importantes logros como mujer empresaria. Recuerda que desde chica ayudaba con el trabajo en las épocas de mayor producción, aunque de a poco se fue alejando de la actividad para seguir con los estudios universitarios. Y fue su propio padre quien le pidió que asumiera la dirección de esta firma que produce jugos, agua, amargos y gaseosas. Aceptó, aunque poco convencida de poder desarrollar su función.
"Fue mi papá quien me pidió ayuda porque había aumentado la producción y necesitaba de alguien que controlara el trabajo de cerca. Al principio me costó mucho porque nunca había manejado las máquinas ni trabajado con los técnicos, no era mi fuerte. Después me fui capacitando para poder saber sobre el funcionamiento de las máquinas, el lenguaje técnico y la manera de encarar las compras de insumos. En un par de años me sentí tan cómoda con lo que hacía que sentí que no hay trabajo que me guste más que el de las máquinas y los fierros. Pasé por todas las áreas de la empresa y eso me dio la experiencia y el empuje necesario para ingresar a la UISJ y asumir la presidencia del Departamento Mujer", sostuvo.
Graziani dijo que desde su área no sólo se busca incentivar que las mujeres se animen a ingresar a la actividad industrial, sino también a amenizar el trato y la relación con todos los empresarios. "La empatía de una mujer suele ser diferente a la del hombre y que una ocupe un cargo clave, alienta al empresario a acercarse a exponer su problemática y a buscar ayuda, porque encuentra un trato más ameno", aseveró.

