Por primera vez desde que se jubiló, María Inés Rosselot habló de todo en una extensa entrevista. La exmagistrada, que durante tres años instruyó la megacausa de las expropiaciones, donde se investiga un estafa millonaria contra el Estado por parte de un presunta asociación ilícita de abogados, funcionarios y jueces, aseguró ayer que se trata de un caso que es una bisagra, que hay personas poderosas que se creen intocables y que algunos de sus antiguos colegas tuvieron miedo de intervenir. Por otra parte, contó el peor drama que le tocó vivir en los más de 30 años que trabajó en Tribunales y sostuvo que en la Corte de Justicia hace falta una oxigenación.
– ¿Qué va a extrañar de ser jueza?
– A mis compañeros en el Juzgado. Hemos trabajado siempre en armonía, tuvimos ratos lindos y feos, pero siempre lo hicimos en armonía y con mucho compañerismo.
– ¿Y la cuota de poder que da el cargo?
– Yo no lo tomaba como poder, sino como una tarea que tenía encomendada. Si bien uno tiene que decidir sobre la libertad de las personas, es importante tomar decisiones porque esa era la función.
– ¿Qué no va a extrañar?
– El roce con los profesionales. Ni siquiera con los familiares de los presos he tenido problemas, ni con los presos, ellos sabían cuáles eran las reglas de juego y las aceptaban. Sí bien tengo buena relación con la mayoría de los profesionales, con algunos es difícil.
– ¿Por qué?
– Porque ellos pretenden que les des la razón en todo lo que piden y no en lo que la ley fija. Hay pretensiones que uno considera que no son lógicas.
– ¿Qué fue lo peor que le pasó en su carrera en Tribunales?
– No me gusta acordarme. Una vez que yo era secretaria del Tercer Juzgado de Instrucción, un preso me quiso violar en el despacho del juez. Fue lo peor, para una mujer es algo terrible. Todavía, cuando lo recuerdo, es muy difícil.
– ¿Qué pasó con el preso?
– Yo hice la denuncia, pero el doctor Zavalla lo dejó libre porque tenía problemas psicológicos. Me dio mucha impotencia.
– ¿Siente que vivió en carne propia una injusticia de la Justicia?
– Sufrí por una mala determinación. No sé si una injusticia, porque el juez consideró que lo que hacía era justo.
– ¿Cuál fue la causa más complicada que le tocó?
– Son dos: la de las 4×4 y la de las expropiaciones. Son las causas que me han llevado más tiempo, he tenido que trabajar el doble o el triple de lo que normalmente se trabaja en una causa, donde
hay muchos implicados y que económicamente son personas acomodadas. Mucha gente ha opinado sin conocer la causa.
– ¿Qué significa que sean personas acomodadas?
– Ellos creen que son intocables, que están justificados en realizar ciertas tareas, gestiones o como le quieras llamar. Les molesta que la Justicia los ponga en el tapete.
– ¿Qué piensa de las críticas que dicen que se sacó de encima la causa de las 4×4?
– Que están equivocadas, esa causa la trabajé toda y le di todo servido al juez Federal. Me di cuenta que era un tema nacional y la envié a la Justicia Federal. Se tiene que tener en cuenta que si uno sigue, es nulo. Para no manchar la causa, me inhibí, se la pasé al juez Federal y él no la aceptó, pero la Corte Suprema de Justicia me dio la razón.
Aquí se estaba afectando el Registro Nacional del Automotor y eso es competencia de la Justicia Federal.
– ¿Sufrió alguna presión en esa causa?
– No, para nada. Será que saben cómo soy y que no la iba a aceptar.
– ¿Y en la de las expropiaciones?
– No, nadie. Gracias a Dios no.
– ¿En algún momento se sintió condicionada en esa causa por estar bajo la mirada del Gobierno y de personas poderosas?
– Nunca. Los abogados defensores pedían y el fiscal de Estado como querellante proponía, pero la que decidía era yo. Jamás permití que me indiquen lo que tenía que hacer.
– Usted habló de personas acomodadas que se sentían intocables, ¿Graffigna también?
– Yo creo que sí, que él creía que nadie le iba a objetar lo que él hacía. Él considera que lo que ha hecho está bien.
– ¿Los demás imputados también cree que se sentían intocables?
– No sé si intocables, pero creían que nadie iba a descubrir el accionar que tenían.
– ¿Hay más por escarbar?
– Mucho más. Lo que pasa es que es muy complicada, porque cada expediente que uno tomaba, había una irregularidad. Entonces, si bien había un modus operandi, en el camino que él seguía, hay varias derivaciones que están conectadas y él las conocía y las iba aprovechando.
– ¿Una maniobra tan grande se podía hacer sin complicidad del poder político?
– No sé. Hay que seguir investigando para llegar a esa conclusión, porque yo llegué al nivel del Poder Judicial. Habría que seguir hacia arriba: cómo eran los pagos, cómo y por qué se dividían, quién los hacía, quién los autorizaba, quién los controlaba.
– ¿Cree que la causa va a llegar a tener resolución?
– Yo estoy confiada que sí, espero que mis colegas tomen las riendas y sigan investigando.
– ¿Está confiada o es una expresión de deseo?
– Es una expresión de deseo. Pueden pasar tantas cosas en el futuro, no se puede decir con seguridad que va a terminar.
– Se lo pregunto por la catarata de inhibiciones que hubo de jueces a los que les tocaba intervenir…
– No sé qué les provoca esta causa, por qué hay jueces que tienen miedo a intervenir en la causa. Me da esa impresión, ese querer inhibirse rápidamente para no estar mezclados con esa causa. No sé si porque implica dejar un poco de lado el juzgado y dedicar casi todo el tiempo a esa causa, es compleja, en tres años desarrollé 25 o 26 cuerpos…
– ¿Da miedo eso o tener que ir contra gente influyente?
– A lo mejor. Muchas veces, hasta los mismos familiares te dicen ‘tené cuidado, no te metás, no sigás‘. Pero si uno ha tomado la decisión de asumir la función de ser juez, debe seguir.
– ¿A usted le dijeron ‘no sigás‘?
– Sí, por eso lo digo. Tiene miedo que a uno le pase algo. ‘Tené cuidado, mirá, fijate dónde te metés‘.
– ¿Hay un espíritu corporativo para que la investigación no siga?
– Yo pienso que sí. Mucha gente le molestó que yo haya dictado el procesamiento contra la doctora Marún, eso ha causado bastante malestar.
– ¿En algún momento pensó en inhibirse?
– Siempre valorás esa situación. Pero, como en todas las cosas que yo hago, me comprometo, llego hasta el final. Aunque aquí no pude llegar al final porque me jubilé. Todos saben de mi amistad con Macchi, iba a llegar un momento en que me iba a tener que inhibir por Macchi.
– ¿Le cree a Macchi o en lo que plantea el fiscal de Estado?
– No, no…, he sido la juez de la causa.
– ¿La respuesta podría afectar su amistad con Macchi?
– No sé. Yo pienso que cada uno cuando pone la firma se hace responsable de lo que firma. Te podés equivocar como me he equivocado yo miles de veces, pero eso no quiere decir que no me tenga que hacer responsable.
– ¿Si quería llegar al final, por qué se jubiló ahora?
– Primero, porque en el año 1974 había un beneficio jubilatorio y muchos jueces dejaron el pedido suspendido y después perdieron el beneficio. Mi temor era que pasara lo mismo. Segundo, llega un momento en la vida en que tomás la decisión de irte porque te cansa. Esta causa produjo que la diabetes me subiera, un día tuve 4.
– ¿Perdió amistades por esta causa o le costó vacíos?
– No, no me costó ninguna amistad. Aunque sí me costó vacíos en Tribunales. Ninguno de mis colegas se acercó, mantuvieron la distancia.
– ¿La Corte la acompañó?
– Dos magistrados de la Corte me dijeron que me iban a apoyar en todo. Pero de pronto empezaron a desaparecer empleados. Cuando quise acordar, se llevaron empleados, se jubiló uno y no me lo reemplazaron, me trajeron otros empleados nuevitos que había que enseñarles a trabajar. Todo eso me produjo una congestión de trabajo.
– ¿La dejó sola?
– Sí. A mí ellos no me han puesto palos en el trabajo dentro de esta causa. El tema es que el resto del juzgado no funcionaba como debe ser, se demoraban las resoluciones de las causas, tenía que resolver a full.
– ¿Qué opina del trabajo en general de la Corte?
– Tendría que tener más actividad para solucionar los problemas del Poder Judicial.
– Hay jueces que por lo bajo dicen que los cortistas viven en una burbuja, ¿coincide?
– Los cortistas conocen los problemas. Se enteran de todo lo que decimos, de los problemas, no sé por qué no los solucionan.
– ¿Cuáles son esos problemas?
– La falta de personal, lo de los concursos tendría que haberse solucionado hace rato. Habría que crear más juzgados. Ha crecido la población y el delito y los juzgados siguen siendo 5 de Instrucción y 5 Correccionales. Habría que hacer el nuevo edificio, estamos trabajando en malas condiciones.
– Hace tiempo que los jueces se quejan de lo mismo y todo sigue igual. ¿Hay temor a la hora de plantearlo?
– Lo que me llamaba mucho la atención es que los jueces no nos reuníamos y cada uno hacía lo suyo particularmente. No sé por qué no nos reunimos todos para ir a hablar estos temas a la Corte. El Colegio de Magistrados no es sólo para dar conferencias o capacitaciones, también debe hablar con los magistrados para ver qué necesitan, qué tienen y qué no. No es solamente viajar a congresos.
– ¿La Corte necesita una oxigenación?
– En toda institución, cuando pasás de una edad tenés que irte y dejar que los jóvenes avancen. Cuando vos estás muy mucho tiempo en un lugar, te enquistás. Entonces, tenés que salir y dar la posibilidad de que entre aire nuevo.
– Volviendo al caso expropiaciones, ¿se equivocó en algo?
– Hay posibilidades de que me equivoque. En este momento, no sé.
– La critican por la detención de Graffigna. Sus abogados defensores aseguran que no hay riesgo de fuga y que en libertad no entorpecería la investigación, ¿por qué sigue preso?
– A mí criterio, él era el que dirigía todo, el que hacía las conexiones y la ley dice que por la pena, no puede salir. Suponiendo que saliera, con la forma de ser de él, sí va a entorpecer la investigación. Lo demuestra el hecho de tener una computadora, que no sé quién lo autorizó, con la que creó un blog y que esté llevando a toda la sociedad a creer lo que él dice. Eso dice claramente que en libertad, hubiera entorpecido.
– ¿Cree que la sociedad le cree?
– Dios quiera que no… No es solamente la Provincia como institución, sino todos los particulares. Es más, que él se declare insolvente y que después aparezca haciendo arreglos con una institución. Pagando 3 millones de pesos, cuando él no tenía plata, no tenía nada. La gente ve esas situaciones y le llama la atención.

