Hace 190 años aconteció un hecho de sangre que marcó nuestra historia con su huella indeleble: el asesinato del “Tigre de los Llanos”, Brigadier General Juan Facundo Quiroga, en la localidad cordobesa de Barranca Yaco. El impetuoso caudillo, con sus aguerridos 47 años, había sido enviado por las autoridades porteñas al norte argentino, para poner fin a un conflicto que se había suscitado entre las provincias norteñas en aquellos agitados años de luchas fraticidas. Quiroga, luego de ejecutar su gestión mediadora, emprendió el largo y escabroso viaje a Buenos Aires. Desde el comienzo de su misión rechazó con vehemencia cualquier intento de protección, seguro de sí mismo, era un hombre dispuesto a enfrentarse con cualquier tipo de enemigo, no importándole su grado de peligrosidad. Ya de regreso, los rumores de un posible atentado contra su vida, circularon con mayor frecuencia. Efectivamente así fue: los hermanos Reynafé, acérrimos enemigos políticos del caudillo, ya habían tejido un funesto entramado maquiavélico para acabar definitivamente con el arrojado riojano. Pero en vano fueron los consejos y las advertencias que recibió. “Y allá va la galera, devorando leguas, mientras los gauchos bonaerenses, santafecinos, cordobeses, caen a las postas del camino para ver pasar al famoso general”, así pinta Félix Luna el postrero viaje del líder riojano por aquellos largos y tortuosos caminos del Siglo XIX. De este modo llegamos al aciago 16 de febrero de 1835. La carreta llegó a un punto cordobés llamado Barranca Yaco, situado a poca distancia de la posta “Ojo de Agua”. Allí, un piquete de 32 hombres al mando de Santos Pérez, en una fulminante embestida y haciendo uso de una inhumana fiereza, atacaron con todo tipo de armas a los ocupantes de la galera. Facundo Quiroga recibió un balazo en uno de sus ojos y luego fue cobardemente ultimado a puntazos. Ni siquiera fue respetada la vida de un niño de 12 años, el cual también fue pasado a degüello. Algunos ocupantes lograron salvar sus vidas, fueron los que luego dieron cuenta de lo sucedido. Cuando la pavorosa noticia llegó a Buenos Aires se suspendieron las fiestas de carnaval y al día siguiente los diarios aparecieron enlutados. Tiempo después fueron ajusticiados los responsables materiales de tan horrendo crimen, sin embargo en algunos historiadores aún persisten las dudas sobre la responsabilidad ideológica de tamaña tragedia.
(Bibliografía: Luna Félix, Juan Manuel de Rosas, Bs. As. Planeta, colección “Grandes protagonistas de la Historia Argentina. 1999.)