En la biografía de todo líder su madre termina revelándose como una guía insustituible y clave, destacando su carácter y firmes convicciones que son observadas en silencio y admiración por el o los vástagos. En un caudillo como lo fue Leopoldo Bravo no se puede ocultar que hay una marca de su madre de acuerdo con lo poco que se ha hablado de ella por parte de quienes la conocieron, incluido sus nietos, hoy respetados herederos del tres veces gobernador de San Juan.

Doña Enoé Bravo, de profesión maestra de escuela, tuvo tres hijos, Leopoldo, Federico y Rosa. Perteneciente a una familia de Santa Lucia, “de muy buen pasar, con su padre agricultor”, según escribe Juan Carlos Bataller en su libro “Los gobernadores de mi memoria”, ella “asumió por si el mantenimiento de sus tres hijos a los que hizo estudiar carreras universitarias”. Pero fue el propio Leopoldo Bravo quien habló de su madre, y de su condición de soltera, nada menos que en el Senado Nacional, en la primera ocasión que fue senador, entre 1986 y 1995, ya que luego volvió a ejercer esa representación entre 1995 y 2004.

Esto lo revela el dirigente bloquista y escritor Carlos Ciro Maturano, en su reciente y valiosa obra “Pioneros III”, donde recopiló con pulcritud literaria la historia del partido nacido como Unión Cívica Radical Bloquista el 27 de febrero de 1918.

“Don Leopoldo sentía veneración, respeto y orgullo por su madre, doña Enoé Bravo. Ella fue la autora y sostén de la fundamental formación en su personalidad y ejerció un matriarcado que fue todo en lo afectivo y psicológico, con estudios y preparación que lo llevarían lejos… Todo ello alimentó la personalidad del hombre diplomático, gobernador, legislador y caudillo”.

La palabra de Bravo en el Senado

Durante una de las sesiones del año 1990 se debatió sobre “la discriminación contra la mujer”. Cuando pide la palabra y le es concedida por el entonces presidente de la Cámara de Senadores, Eduardo Menem, Bravo expresa abiertamente su apoyo al proyecto presentado en defensa de las mujeres discriminadas, con estas palabras:

“Realmente voy a apoyar esta propuesta, soy hijo de madre soltera. No era fácil el paso que dio mi madre, que dio a luz tres hijos. Por eso voy a decir pocas palabras. Me siento feliz de homenajear a todas las madres. Hoy, hay respeto y libertad a los que, por supuesto adhiero plenamente. Y con la edad que tengo, 80 años, lo digo con gran orgullo, en esa época tener hijos siendo madre soltera, no era fácil. Por eso la admiración que siento por mi madre, que alumbró tres hijos, dos varones y una mujer. Les digo a todos ustedes que, a todas las madres, solteras y casadas, y en cualquier circunstancia, hay que honrarlas y respetarlas. Y en mi caso, piensen que no era fácil que una madre soltera diera a conocer este hecho en una provincia como San Juan. Tenía la obsesión de que sus hijos estudiaran, y gracias a ella, fuimos a la escuela y nos educamos. Sin ningún otro apoyo, mi madre dio ese paso y hoy es respetada y admirada por todo San Juan ( ) Quien habla ha tenido la oportunidad de actuar mucho en política y de visitar todo el pueblo sanjuanino. Este es un paso trascendente para mí. Pido a mis colegas sepan disculparme si a alguno le parece que no es el momento oportuno para recordar a la madre. Pero me siento feliz de poder pronunciar estas pocas palabras en este recinto. Y se los agradezco a todos. Me detengo un minuto a rendir homenaje a mi madre, con el respeto de todos mis comprovincianos y de la Iglesia también, y les agradezco a todos ellos el sentimiento de adhesión cuando mi madre murió. Estoy en el periodo final de mi vida y me felicito por decir estas pocas palabras (à) porque quien habla quiere que sus nietos sepan que este hombre ya cargado de años siente un profundo cariño por su madre. Todos quieren a su madre, pero no era fácil para una madre soltera animarse a dar semejante paso hace ochenta años (à) . Quiero que ustedes, que son mis compañeros de trabajo, sepan directamente de mi boca que en San Juan esta mujer dio ese paso y que a todas las mujeres solteras que tienen un hijo debemos respetarlas, adorarlas y darles todas las posibilidades que los hijos podamos brindar. Gracias por haberme escuchado este recuerdo con un gran afecto y cariño a mi madre”.

Un prolongado aplauso 

Tan emotivas palabras del líder sanjuanino recibieron como respuesta del pleno del Senado un prolongado aplauso que “se percibió cálido y afectuoso”. Por otra parte, el 22 de julio de 1956, cuando muere Federico Cantoni, a quien se atribuye la paternidad de Leopoldo, Enoé dentro del respetable silencio del duelo, confesó a su hijo Leopoldo: “Yo fui tu madre y tu padre”. Pero también se sabe que Federico ofreció a Leopoldo darle el apellido y éste lo rechazó. Asimismo, tras reproducir en su libro aquel discurso, Maturano cuenta su propia experiencia: “Don Leopoldo sentía veneración, respeto y orgullo por su madre, doña Enoé Bravo. Ella fue la autora y sostén de la fundamental formación en su personalidad (à) y ejerció un matriarcado que fue todo en lo afectivo y psicológico, con estudios y preparación que lo llevarían lejos…demasiado lejos. Todo ello alimentó la personalidad del hombre diplomático, gobernador, legislador y caudillo”.

Y termina recordando el autor en su “Pioneros III”: “Fue difícil, por no decir imposible, ver llorar a don Leopoldo. Es que todos hemos tenido y tenemos aún de él, la figura del caudillo serio, varonil y de voz gruesa. Sin embargo, a mediados de los años sesenta, cuando muere doña Enoé, el Dr. Bravo llora y llora desconsoladamente”.

Fuente: Libro “Pioneros III”, Carlos Ciro Maturano, San Juan, 2025.