Según funcionarios mexicanos, los cárteles se han convertido en ejércitos cada vez mejor equipados gracias a una avalancha de armas estadounidenses, fáciles de conseguir desde que el ex presidente George W. Bush dejó expirar la prohibición de venta de rifles de asalto en 2004. La reanudación de las ventas en EEUU, junto con la ofensiva militar de Calderón contra los narcos, explican la escalada de la violencia que lleva más de 28.000 muertos en México en los últimos cuatro años. ¿Tiene razón México al culpar a Washington por este derramamiento de sangre? ¿O está desviando culpas? El informe de la ONU "La globalización del delito”, dice que casi todas las armas de los cárteles se compran en unas 6.700 armerías de EEUU a lo largo de la frontera.

La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EEUU afirma que "las evidencias disponibles indican que una gran proporción de las armas de fuego que alimentan la violencia vinculada con la droga en México son de origen estadounidense, incluyendo un número cada vez más grande de armas letales”. El gobierno azteca observa que tras la reanudación de las ventas de armas semiautomáticas en EEUU, los narcos las compran fácilmente porque no pueden ser rastreadas. Pero la Asociación Nacional del Rifle (ANR), grupo defensor de la venta de armas en EEUU, niega que este contrabando aumente la violencia en México. Según la ANR, miles de efectivos del ejército mexicano desertaron y pasaron a las filas de los cárteles, llevándose sus armas consigo.

Entonces, ¿quién tiene la culpa? El profesor de la Universidad de Miami, Bruce Bagley, dice que "EEUU tiene parte de la responsabilidad hasta que reforzó el lado de su frontera. Pero los mexicanos deben asumir la protección fronteriza y no lo han hecho”. La seguridad mexicana está minada por la corrupción, y casi todas las purgas para modernizarla han sido cosméticas, por lo que se debería invertir más en mejorar la policía.

Mi opinión: México tiene la mayor responsabilidad por acabar con su ola de violencia. Si no toma medidas contundentes para reformar sus 2200 -sí, leyeron bien- agencias policiales para evitar que dejen de proteger a los narcotraficantes, los cárteles siempre saldrán ganando. Pero el presidente Obama podría ayudar a reducir el derramamiento de sangre si reinstaurara la prohibición de las ventas de rifles de asalto, como lo prometió en su campaña, o si firmara el tratado interamericano contra el tráfico de armas pequeñas, conocido como CIFTA, que requiere medidas concretas para reducir el contrabando de armas. Hasta ahora, Obama no ha hecho ninguna de las dos cosas. Mientras tanto, los capos del narcotráfico siguen pertrechándose con armas cada vez más letales, fabricadas en Estados Unidos.