Para la mitología romana, el dios del fuego y los metales era Vulcano, esposo de Venus. De su nombre deriva la palabra volcanes, respiraderos o chimeneas que existen en la superficie terrestre para dar salida a la enorme energía contenida en el interior de la Tierra. La mayor parte de la actividad volcánica se ubica en los límites o partes más débiles de las placas tectónicas que son las enormes rocas que constituyen la corteza terrestre.

El 90% de los volcanes está en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja donde también son comunes los terremotos, que comprende los Andes, cordillera de América del Norte, islas Aleutianas, península de Kamchatka al Este de Siberia, Japón, Filipinas, Indonesia, Papúa, Nueva Guinea y Nueva Zelanda. Centenares de volcanes están activos, o sea pueden entrar en erupción en cualquier momento. Este fenómeno se produce cuando el magma del interior de la Tierra, que es como una cámara formada por rocas fundidas y gases, no soporta la presión y comienza a ascender por las chimeneas. Los gases arrastran el magma a la atmósfera en forma de materiales más o menos fundidos, los que una vez afuera constituyen la lava, que brota entre 800 a 1.200 ¦C.

En erupciones violentas las cenizas ascienden a varios kilómetros y en las menos explosivas, los fragmentos mezclados con los gases ardientes, fluyen por los suelos a gran velocidad, se mezclan con tierra y rocas y ese lodo quema y destruye todo a su paso. Entre Argentina y Chile hay unos 40 volcanes activos. Cuando alguno entra en erupción, se ve y afecta nuestras vidas. Pero la mayor parte de la actividad volcánica no la vemos. Está oculta bajo los mares. Existen numerosos volcanes submarinos en las dorsales oceánicas, cadenas montañosas ubicadas en los bordes de las placas donde continuamente, y a medida que se separan, se crea nueva corteza.

El magma asciende y sale por esas fisuras, se enfría rápidamente y forma nuevos fondos oceánicos. Un vulcanismo de fisura fuera del mar ocurre en muchos países, donde enormes extensiones están cubiertas de basaltos originados de magmas muy fluidos, tal el caso de Islandia. Fuera del mar, la actividad volcánica más importante ocurre en montañas cónicas, formadas con el material de otras erupciones y que tienen uno o más cráteres en su cima. O montañas en escudo, abovedadas, de pendiente más suave, que cubren muchos km y que se han ido formando por superposición de sus fluidas lavas.

Las islas Hawai son un complejo de volcanes en escudo, que se alzan desde el fondo del océano. Allí se encuentra el volcán Mauna Loa, con una altura, tomada desde el fondo del mar, superior al Himalaya. También son islas volcánicas Japón y Filipinas. Los volcanes más peligrosos son los inactivos (o dormidos), en los que su densa lava se ha hundido por la chimenea agrandando el cráter, que acumula nieve o se transforma en un lago. Pueden pasar siglos sin actividad y cuando pasan miles de años se los considera extintos.

Pero nunca se descarta que puedan despertar. Cuando lo hacen, son como calderas que explotan, sumando a la energía que libera el volcán, la expansión súbita de vapor de agua, como ocurrió en 1833 en la explosión del Krakatoa (Indonesia) que voló el cono y destruyó casi toda la isla. Las olas mataron a miles de personas, el ruido se escuchó a más de 4.000 km y las cenizas perduraron un año. Avalanchas devastadoras fueron las erupciones del Monte Pelado (1902) en isla Martinica que destruyó su capital, el Santa Helena (Oeste EEUU) en 1980 y el Nevado de Ruiz (1985) en Colombia.

La potencia eruptiva depende de la viscosidad de la lava y de la proyección de escombros o cenizas. A Pompeya y Herculano (en el 78 dC) las sepultaron violentas erupciones del Vesubio con muchos gases y ardientes nubes, llamadas flujos piroclásticos, que precipitaron como cenizas hirvientes.

Hace miles de años atrás, cataclismos de supervolcanes, como el Toba en Sumatra, produjeron períodos glaciares. Sus cenizas impidieron el paso de los rayos solares durante años y la Tierra se enfrió, extinguiéndose la mayoría de las especies.

La Naturaleza, en raros casos, parece compensar tanto desastre. Cuando las chimeneas de los volcanes alcanzan más de 150 km de profundidad, el magma que no eyecta, sometido a altas presiones y temperatura, produce diamantes (Carbono puro cristalizado). La preciosa carga se descubrió en volcanes dormidos de Sudáfrica.