Estamos en tiempos de Cuaresma, uno de los períodos que, junto a la pascua, constituye el centro de la vida litúrgica de los cristianos y, particularmente, de los católicos, dentro de la preparación de la conmemoración de Semana Santa. Poder vivenciar en nuestras vidas un año más la cuaresma es una verdadera gracia de Dios. Iniciar este tiempo sagrado es comenzar un “camino”, un “itinerario” orientado hacia la esperanza del Cristo Resucitado. La cuaresma es un verdadero éxodo donde tratamos de vivir una vida cristiana hacia una mayor sinceridad en el encuentro con Dios y con los hermanos.
Qué tiempo abarca
Es el periodo comprendido entre el miércoles de ceniza terminando en el domingo de resurrección. El corazón de la cuaresma es la Semana Santa y dentro de ella los 3 días más importantes es el llamado triduo pascual que se inicia el Jueves Santo con la misa del lavatorio de los pies, continua con el Viernes Santo y se cierra con la vigilia pascual el Sábado Santo en la noche.
¿Por qué 40 días?
Para los hebreos los números tenían 3 usos: para indicar cantidad, simbolismo y expresar un mensaje. El 40 representa ante todo un tiempo de cambio: así el diluvio universal duró 40 días y 40 noches donde resurgió una nueva humanidad; los 40 años en el desierto donde se recambio la generación infiel; Moisés que estuvo 40 días en el monte Sinaí para recibir la Alianza con Dios para empezar un nuevo camino. Pero el 40 sobre todo del tiempo que Jesús pasó en el desierto tentado por el mal, tiempo largo de prueba, de confrontación, purificación, de revisión del proyecto de vida y de afirmarse en la voluntad de Dios para estar guiado por el Espíritu de Dios.
Tres prácticas espirituales
La cuaresma un tiempo donde la Iglesia, siguiendo los textos bíblicos, nos invita a la oración, el ayuno y la limosna. Estas 3 propuestas son para reordenar cristianamente nuestra vida que se salta de punto por instalarse en vanidades que nos hacen perder de vista a Dios y a los hermanos. Por la oración recuperamos el amor a Dios, nos miramos en Él, lo ponemos como eje de nuestra vida, volvemos a la fe, miramos la vida desde y con los ojos de Jesucristo. El ayuno: nos ayuda a disciplinarnos y reordenar nuestros antojos desordenados. Nos fortalece la capacidad de paciencia y ofrecimiento de las cosas. Dar limosna es renunciar a algo. La limosna tiene un fin purificatorio. La limosna nos ayuda a levantar la cabeza y ver al prójimo.
Abstenerse de la crne
La Iglesia sugiere practicar la abstinencia de la carne como una forma de unirnos a todos en un espíritu de penitencia para recordar lo que Jesús hizo por nosotros: entregarse y morir por los hombres. Nuestro cuerpo debería estar guiado por el Espíritu de Dios. Privándonos de comer un alimento muy común y apetecido por la gran mayoría como es la carne es una manera de ofrecer a Dios un pequeño sacrificio en la libertad del amor a Dios.
Por el P. Fabricio Pons
Párroco Santa Bárbara de Pocito
