El humanismo (movimiento intelectual, filológico, filosófico y artístico europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV) nos impulsa al desarrollo humano a través de los tres verbos de Theilhard de Chardin: crecer, amar, adorar. Crecer a través del movimiento especificador que es la vida, hasta la plenitud que nos es consentida. Amar porque lo pide la alteridad, la convivencia, la aceptación del otro enlazando el yo con el tú en libertad. Adorar porque todo hombre es trascendente en la ascensión al Dios buscado o conocido.

El humanismo nos enseña a respetar las diferencias que no ofendan al orden ni la moral pública y las autonomías no sólo legales sino morales porque son una identidad, también a convivir en un pluralismo que si es relativista se niega a sí mismo, porque se disuelve en la indiferencia.

"El infierno son los otros", escribió Sartre. Son los otros si no los aceptamos. El pluralismo es la aceptación de los otros.

El humanismo nos invita a crecer con la educación personalizada que descubre en nuestro ser íntimo las aptitudes y las califica para una vida esforzada y sin embargo plena, que nos invita a cambiar, a adaptarnos, a confrontarnos en la competencia, y saber que si caen las ilusiones quedan en pie los deberes.

También nos invita a ser justos en las tres especies de justicia: la conmutativa, que cuida la equidad de las prestaciones en los intercambios habituales; la distributiva, que asigna oportunidades al mérito; y en fin, la justicia social que mira a la sola dignidad humana para superar la marginación y exige solidaridad que es la corresponsabilidad con el prójimo. Y así nace la igualdad de oportunidades que sólo acepta la desigualdad en la distribución de los bienes públicos, cuando esa desigualdad favorece a todos al evitar la extrema miseria.

Por otra parte el humanismo también educa en el bien común, comunicable a todos y a cada uno, para alcanzar nuestro destino personal y trascendente.

Cuando el hombre se vuelve al pasado educa el presente y con el presente prepara el futuro. Nos advierte que los hombres hacemos la historia, pero no sabemos la historia que hacemos. De todos modos, nos la enseña para, si es el caso, no repetirla.

El humanismo educa la libertad responsable a través de la libertad. Sabe que las opciones sin ligaduras son erráticas y las ligaduras sin opciones son opresivas.