"Equilibrio” no debería ser una palabra más. Es la palabra "clave”, el vocablo supremo de los cabalistas, la máxima expresión de la sabiduría. Es el sinónimo de belleza, armonía y estabilidad. Cuando la ciencia se enamora del equilibrio se vuelve casi absoluta; cuando del equilibrio se enamora un ser humano, es posible que logre alcanzar la perfección porque ésta brota de aquel, ese delicado sofisma existencial. Más allá del equilibrio nacen, se apasionan y hasta mueren los extremos. Pero frente a todos ellos forma la proyección perfecta y el logro definitivo. Apenas el hombre se dio cuenta de que los grandes problemas que encontraba en sus programaciones científicas ya habían sido resueltos por la naturaleza, nació la biónica, "la ciencia en la que confluyen la cibernética y la biología para estudiar los procesos funcionales de los seres vivos con vista a construir mecanismos artificiales que lo imiten o reemplacen”. Una definición más simple sería que la biónica es el arte de copiar a la naturaleza, o una manera de transportar los poderes de algunos seres vivos al campo de la técnica. El primer giroscopio sin piezas giratorias se ha basado en la mosca común. Gracias a dos antenas vibradoras que salen de su cuerpo, la mosca mantiene en su vuelo inclinación, giros y picadas una posición constantemente en equilibrio. Otra aplicación de la biónica, según los científicos, es el estudio del ojo de la rana; esto es construir un ojo automáticamente selectivo que se puede aplicar al radar para que, al igual que lo hace el ojo de este animalito, comunique instantáneamente los detalles útiles y descarte por sí los innecesarios. Se ha descubierto que el ojo de la rana transmite al cerebro de la misma, los movimientos de los insectos que la rodean, pero únicamente los aprovechables por el batracio para su alimentación y defensa. Si se la rodea de moscas muertas entre las que hay solamente una sola viva, el ojo detecta sólo al insecto vivo ignorando el resto.Ciertos descubrimientos establecen que todo instinto artístico se ha desarrollado equilibradamente con el instinto imitativo del hombre. O sea que las leyes del equilibrio han definido todos los argumentos de la creatividad. Los primeros impactos del arte rupestre demostraron la condición de "querer imitar” del hombre primitivo; su inclinación a las manifestaciones de la naturaleza. Nacía ya la posibilidad de un estado armonioso, que por lo menos en el arte, podía perdurar a través de los siglos. Se trata de una especie de compensación de fuerzas, voluntades, pensamientos, errores y complacencias. Se trata de un cristal que se quiebra mientras en algún lugar del mundo un soplo humano va engendrando otro cristal quizás mejor; se trata del violín de Einstein descansando sobre las fórmulas de la Teoría de la Relatividad, o de Carlitos Chaplín descargando sonrisas sobre las desgracias de la Tierra. ¡Equilibrio! Fórmula de las Fórmulas, hermano del término medio, de la verdad encerrada en un cofre de sabiduría y tiempo. Creo que también en la poesía se mantiene defendido por la incuestionable intención de los poetas. Quizás porque el equilibrio sea, en síntesis, poesía pura; el gran Salmo que custodia la armonía de la Tierra.
