Más que un ganador o un perdedor, hubo millones de ganadores. Y somos quienes seguimos de cerca el histórico debate entre Daniel Scioli y Mauricio Macri. Los perdedores, por propia iniciativa, fueron justamente los candidatos. Demasiado fieles al estilo de la política argentina, se preocuparon más por agredir o descalificar las ideas de su contrincante que de hablarle al electorado. A Macri se lo vio más suelto, pero a Scioli más comprometido. Y ambos reafirmaron su pertenencia al mundo del que vienen: Macri no respondió si para equilibrar el dólar hará una megadevaluación y Scioli no dijo si anulará el memorando con Irán, entre otras definiciones ausentes. Lo único rescatable fue el hecho de que ambos estuvieran allí, que ya parece un avance respecto de la berreta forma de hacer política en este país. Si todo va como parece que terminará, de aquí en más ningún candidato a presidente va a poder evitar confrontar sus ideas previo a una elección. Esa fue la ganancia de quienes seguimos de cerca el debate. Ojalá derrame hacia las provincias.

Los lectores de este diario como de otros apuntaron a una clara "victoria" del líder del PRO sobre el candidato del Frente para la Victoria. Una encuesta que lanzó la versión digital de DIARIO DE CUYO bajo la pregunta "¿Qué candidato se destacó más en el debate?", arrojó que el 66,9 por ciento de los lectores opinó que Macri se desempeñó de mejor manera, frente al 33,1 por ciento que optó por Scioli. En el sondeo participaron voluntariamente 7.737 personas (5.175 votaron por Macri y 2.565 por Scioli) desde las 21.30 del domingo 15 hasta las 20 del lunes 16 de noviembre.

Pero, ¿qué es una victoria en un debate? Es muy difícil establecerlo y mucho más en este caso donde no hubo un claro ganador o un claro perdedor, ya que en términos generales ninguno apabulló al otro. Por los comentarios posteriores se deduce que quienes tenían decidido su voto no lo cambiarán luego del debate. Y sólo una buena encuesta podría determinar si quienes no se habían decidido aún ya tomaron partido por alguno, que serían dos formas de victoria. Parece entonces que la "victoria" de uno u otro, volviendo a la encuesta de este diario, la determinan los movimientos corporales, la forma de expresarse, la ropa, el tono de voz, las muecas; es decir, nada profundo, nada serio. Quienes piensen que esas características son señales serias, ¿qué presidente fue José "Pepe" Mujica entonces?

En defensa de los candidatos se puede decir que los tiempos televisivos son perversos para que cualquiera explique, por ejemplo, cómo terminará con la pobreza. Es necesario revisar la forma en la que se arma y se expone el debate y si es más conveniente seguir subordinando los contenidos al formato, para hacerlo atractivo o, si por el contrario, se prioriza que los candidatos se explayen sobre sus propuestas en detrimento de los tiempos y el show televisivo. Todo es revisable.

Trayendo el tema a la patria chica, la política sanjuanina no maduró lo suficiente como para permitir este tipo de encuentros. El último debate de candidatos a Gobernador de San Juan se hizo en el año 2003 en Radio Colón, ocho días antes de las elecciones. José Luis Gioja y Roberto Basualdo se enfrentaron cara a cara en un programa que se llamaba "Insolentes". Gobernaba la provincia Wbaldino Acosta, que no quiso cruzarse con sus rivales, pensando en que si él no asistía, la emisora bajaría el debate. De manera muy valiente, el director de la radio Francisco Bustelo Graffigna, lo sostuvo a pesar de esas presiones y así se concretó el último encuentro que se registra en la provincia de candidatos a gobernador "que tienen chances de ganar la elección y gobernar la provincia", según la promo que duró algunos días en la tanda de la emisora. Ojalá esta ola nacional de debates también derrame en la provincia.

En síntesis, la política ha sido capaz de obligar a los candidatos a madurar, pero aún no es capaz de restringir esa participación a un nivel un poco más alto. Scioli fue al debate porque se siente en desventaja, y Macri no podía rechazar lo que él mismo había promocionado. Es decir, la coyuntura los obligó, es cierto, pero paralelamente a cumplir con esa coyuntura le dieron al votante un motivo para reclamarles, después, qué es lo que ninguno de los dos analizó hasta el momento. El promedio de rating de 54.75 puntos demuestran el interés de la gente. La historia cuenta que en 1967 el casamiento de Ramón Ortega y Evangelina Salazar fue visto por el 82 por ciento de los argentinos que tenían televisores. En aquel momento no se medía por puntos como se hace ahora, pero se calcula que casi todo el país de aquella época estuvo siguiendo ese acontecimiento. Para hacer una comparación más cercana, el histórico 7-1 de Alemania sobre Brasil en el segundo tiempo del Mundial del año pasado, llegó a los 49 puntos justo en la debacle carioca. Y 52.77 puntos marcó la final entre Argentina y Alemania en el mismo campeonato. Estos números y el histórico 82 y pico por ciento de gente que fue a votar en la última elección, demuestran una madurez interesante de los votantes. Esperemos que los dirigentes aprendan de ella y vayan mejorando día a día las formas.