El singular comportamiento del primer ministro italiano Silvio Berlusconi provoca dentro y fuera de Italia comentarios de todo tipo. Paralelamente, distintas encuestas que se realizaron en la península revelaron que un importante porcentaje de ciudadanos consideraba que el perfil de Berlusconi es característico del italiano medio.

Considerado el más rico y poderoso de los italianos (y propietario de la 37ma. mejor riqueza del mundo, según Forbes), a sus 74 años es líder del partido "El Pueblo de la Libertad” y propietario del club de fútbol Milan. Fundó varios medios de comunicación en Italia, como en Francia y España, con diferente éxito, entre otros "Canale 5”, e incursionó en la prensa adquiriendo participaciones en "Il Giornale” y asumiendo como presidente del grupo Mondadori (editor en su momento del exitoso diario "La Repúbblica” y de los semanarios "L’Espresso”, "Epoca” y "Panorama”).

Cuando lo conocí, mientras estudiaba en Roma en los ’80, comprobé que a "il cavalieri”, como ya le llamaban sus seguidores, le gustaba hablar ante estudiantes y promover, desde sus empresas, actividades en las que participara la juventud italiana. Iniciado en la política desde el Partido Socialista del entonces primer ministro Bettino Craxi, destacó en la lucha contra la corrupción generalizada en Italia, lo que le valió las primeras simpatías de sus conciudadanos. Pero en la actualidad la suerte no parece estar a su favor, porque las polémicas se suceden una tras otra.

Hace poco, y con motivo de las celebraciones del 150º aniversario de la República, el Teatro de la Ópera de Roma fue escenario de una noche de gala con la puesta en escena de Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Considerada tanto musical como política, la opera en cuatro actos está basada en el Antiguo Testamento y la obra Nabuchodonosor, de Francis Cornue y Anicète, y recuerda el episodio de la esclavitud de los Judíos en Babilonia. Por ello, el famoso canto "Va pensiero” es la voz del coro de "esclavos oprimidos”. Pero ocurre que fue estrenada en 1842, tiempos de lucha por los ideales del movimiento independentista italiano frente al dominio imperial de los Habsburgo (Austria), conocido como Risorgimento y que tuvo como célebres inspiradores a Giuseppe Mazzini, el conde de Cavour y el mismísimo Giuseppe Garibaldi. Por ello en Italia este canto es considerado un símbolo de la búsqueda de libertad del pueblo. A la presentación de la ópera en homenaje al aniversario de Italia con un lleno total, asistieron Berlusconi, miembros de su gobierno y dirigentes de distintos sectores de la vida política. A la hora de los discursos, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, que es miembro del partido gobernante, no se privó de denunciar los recortes al presupuesto del área cultural que hizo el gobierno. El público asistente a la ópera aprovecho para responder con una ovación, aprobando el reclamo del alcalde y en rechazo a la gestión de Berlusconi. A tal punto que Ricardo Muti, director de la orquesta que actuaba, consideró la situación como "una velada de revolución”. Y esta reacción popular tuvo su acento mayor cuando se llegó al citado y famoso canto "Va pensiero”, ya que "se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: Oh patria mía, tan bella y perdida”, contó Muti. Cuando el coro llegaba a su fin, ya se pedían desde el público varios bis y se comenzó a escuchar: "Viva Italia” y "Viva Verdi”, mientras muchos asistentes comenzaron a arrojar papeles con mensajes patrióticos. "Yo no quería sólo hacer un bis; tenía que haber una intención especial para hacerlo.”, relata Muti, quien se dio vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez y dijo: "Sí, estoy de acuerdo con esto. Larga vida a Italia". "Entonces accedo a vuestro pedido de un bis para el "Va Pensiero" nuevamente, porque si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia”, terminó diciendo con una nueva ovación de aplausos, incluidos de los artistas en escena. Toda la ópera de Roma se levantó y el coro también. Berlusconi no pudo disimular su molestia, aunque no se retiró, a pesar del abucheo general de los asistentes a tan magno acontecimiento histórico. La crónica, que fue publicada por varios medios europeos, pero con mayor amplitud por The Time, nos permite deducir aquí que ciento diez años después de su muerte (27/1/1901), Verdi interpretó el malestar de los italianos mejor que la oposición política en el Parlamento.