Los actos vandálicos en la vía pública, que perjudican a bienes del Estado y de particulares, en general se esconden en el anonimato por lo que es prácticamente imposible dar con los culpables, a menos que se los sorprenda en el momento de sus depredaciones. Es diferente cuando los ataques llevan la firma de un sector bien definido, como ha sido el ensañamiento de los hinchas del club Sportivo Desamparados en la plaza de esa barriada. Tal como lo ha documentado la crónica periodística, un grupo de fanáticos de esa entidad arrasó con pintadas alusivas contra la estatua de Salvador María del Carril, bancos y hasta los árboles del paseo público.

Ante tamaña acción dañina, carente de toda lógica si lo que pretendían los inadaptados era exaltar los colores y ganar simpatías a favor del club puyutano, la Municipalidad de la Ciudad de San Juan comenzó con la difícil tarea de quitar la pintura de la estatua con lavado a alta presión y productos químicos y con otros métodos extraer la pintura de la corteza de los árboles y, en definitiva, intentar volver todo a la normalidad a costa de los recursos que aportan los contribuyentes. En este contexto de acciones desaprensivas surge un interrogante en la opinión pública acerca de la culpabilidad manifiesta de una parcialidad indudablemente ligada a la entidad futbolística de Desamparados. Apelando al sentido común, una investigación llevaría a identificar a los responsables del vandalismo o a sus mentores, de manera de aplicar sanciones ejemplarizadoras. Pero está también de por medio el club, como ocurre con el accionar de las barras bravas que salpican a las dirigencias institucionales y la Justicia les pide respuestas. Lo importante es que todo no quede en la impunidad.