En la fecha se celebra el Día Mundial del Matrimonio y es primordial manifestar su sentido y valor, pues, de la unión por el amor y su fundamento viene a nosotros una nueva vida que nos lleva a enaltecer en su calidad el rol natural de la mujer y el de su compañero, el hombre. Hoy merece el matrimonio un verdadero reconocimiento, pues en él, están cifradas todas las expectativas como las de permanecer unidos no sólo en lo legal, sino también en lo instituido por los credos.
Nuestras profundas raíces cristianas han dado muestras del valor del matrimonio y la Iglesia por mantener su valor sacramental al alcance de toda persona que quiera sostener sus vínculos. Es oportuno entonces reconocer el porqué del matrimonio en una sociedad en la que el hecho de estar juntos no alcanza para justificar su objetivo: El Matrimonio se logra realizar plenamente llegando a su máxima significación, por el vínculo de sujetos de distinto sexo, como si fuera el amalgamamiento de ambos en un solo ser viviente. Así nace esa unión física de la cual surge la sociedad humana, la que no sería posible si elude su fin natural y el de quienes son responsables de marcar su rumbo y destino.
Cualquier significado que ahora se le quiera dar al matrimonio no puede rehusar de su modelo ejemplar. El amor como basamento se inspira en la atracción incuestionable del hombre y la mujer y no pone en duda cualquier otro tipo de afinidad ni alcance. Somos responsables de su valoración y educación por lo que en cada aprendizaje de un niño, adolescente, joven y adulto la asignación de su valor no debe perder de vista su contexto y circunstancia pero tampoco su paradigma constructivo en la base de toda estructura social.
