
Es posible que no nos resulte evidente mientras estamos inmersos en nuestro entorno habitual, pero los humanos tendemos a uniformizarnos. Es decir, aspiramos a diferenciarnos, pero sólo en matices, y ello en casi todo lo que nos define como individuos. Se puede comprobar claramente esto observando una fotografía antigua, o mejor aún un documental o película de época. Ahí es posible advertir que las personas visten de manera muy similar, se asemejan notablemente en movimientos y gestos, en modos de expresarse, etc. Todo esto compone la estructura de códigos que, en una época dada, toda sociedad comparte para poder funcionar, de acuerdo a lo que la ciencia Semiótica ha establecido. Inclusive actualmente, en tiempos que presumen haberse liberado de todo precepto, nadie asistiría a una boda con atuendos playeros ni se expresaría en una entrevista de trabajo como lo hace con su mascota. Pero aquellas consonancias, verificables en toda comunidad y época, no sólo se hacen presentes en el plano de los estilos o manifestaciones externas, también se constatan en el dominio de las ideas. Tampoco en ellas se configura una uniformidad rotunda, sino dentro de márgenes entre los cuales ideas y perspectivas fluctúan.
"La espiral del silencio" no duda en afirmar que las personas, en términos generales y externamente, más que posicionarse ideológicamente, buscan "con quien estar" en actitudes y expresiones, gravitan en torno a "lealtades sociales".
Los humanos como grandes emuladores
Una vez que se logra percibir con claridad la realidad tal como se ha descripto, habría que eludir el error de pensar que aquella concurrencia en usos, costumbres y perspectivas es de raíz. En modo alguno, se trataría más bien de concesiones que todos realizamos para poder convivir, para hacernos un lugar en el mundo, del cual no podemos prescindir. Puede que en el fuero interno cada cual desease actuar de otra manera, o manifestar un pensamiento discordante, pero se pliega a un proceso asimilable a una "aclimatación". Y pese a las altas cotas de farsa que algunos especímenes humanos llegan a representar, en este caso no se trataría de hipocresía social. No se hace para conformar a los demás, siendo que se desarrolla en gran parte de manera indeliberada y más bien maquinal. En el reino animal, la imitación es la manera en que se articula cada especie. Los humanos, aunque podemos crear, somos grandes emuladores. "El imitar es connatural al hombre", aseguraba el mismo Aristóteles. O más cercano en el tiempo, siglo XVIII, Edmund Burke confirmaba que "todo lo aprendemos mediante la imitación mucho más que por precepto".
"Tendencias dominantes"
En 1977, la especialista en Comunicación Elisabeth Noelle-Neumann daba a conocer una teoría que revolucionaría puntos de vista sobre los consensos sociales. Esta teoría lleva como nombre "La espiral del silencio" y en concreto señala que las personas adaptan sus opiniones y comportamientos a las "tendencias dominantes".
Le atribuye a los individuos una "capacidad casi estadística" para plegarse a lo que sus grupos de referencia piensan y hacen. Grupo (o individuo) de referencia sería aquel que la persona tiene en su entorno, pero también el cual toma como modelo, al modo en cómo preferiría ser percibido entre sus conocidos.
"La espiral del silencio" no duda en afirmar que las personas, en términos generales y externamente, más que posicionarse ideológicamente, buscan "con quien estar" en actitudes y expresiones, gravitan en torno a "lealtades sociales". Y así es como se va conformando eso que se conoce como "opinión pública", apalancada fundamentalmente por la imperiosa necesidad personal de integración social, de no ser rechazado por ideas y principios, en el caso de que difieran de las tendencias predominantes. Es por la evolución de este mecanismo de ajuste, propio de la dinámica social, que muy a menudo los sondeos de opinión expresan algo que el voto secreto luego contradice.
En ocasión de comicios nacionales e internacionales, el fenómeno resulta cada vez más visible. Pueden existir encuestas fraguadas o repentinos cambios sociales, pero lo que corrientemente acontece es una coexistencia de dos opiniones en las personas, una para la interacción social y otra privadísima. En ocasiones el individuo toma conciencia del proceso, aunque en general no, lo supera como la resolución de una disyuntiva de último momento. Tal vez la forma más efectiva de inferir la real tendencia de la ciudadanía, más que el intentar irrumpir en su preservado ámbito interno, sea el observar hacia dónde dirige su atención.
Por Marcelo Medawar
Licenciado en Ciencias de la Comunicación
