El respeto del equilibrio ecológico es una obligación moral por parte del hombre, puesto que guardar dicho equilibrio es guardar la ley natural, ya que ésta es participación de la ley eterna, en el espacio y el tiempo, siendo la ley eterna un orden establecido por Dios. En esta ocasión quiero referirme al equilibrio ecológico -no del "macrocosmos”, del mundo, del universo-, sino del "microcosmos”, el mundo menor, "mundus minor”, es decir, el hombre.

El hombre debe respetar las leyes naturales, entre las que se encuentran las de respirar aire puro, ingerir alimentos naturales, vivir en contacto con el sol, el aire, el agua; tener pensamientos alegres, armónicos y constructivos; vencer los vicios y las bajas pasiones, y sobre todo cumplir con el precepto de Jesús de amarnos unos a otros y amar a Dios sobre todas las cosas.

Gran parte de la humanidad desoye, respirando aire viciado por el tabaco y otros elementos malsanos, en lugar de gozar del aire puro de los campos. Otros se intoxican con alimentos industrializados, que van minando la salud día a día, mientras que el naturismo nos enseña que la generosa mano del Creador ha puesto a nuestro alcance los mejores alimentos: toda clase de frutas y verduras, semillas, cereales, leche, miel y huevos. Otros pierden la alegría de vivir, a causa de pensamientos pesimistas, odios y rencores.

De modo que el origen de la enfermedad está en nuestro modo antinatural de vida: alcohol, tabaco, vida quieta, alimentos tóxicos, vida muelle, falta de contacto con el sol, el aire puro, el agua, la tierra; espíritu perturbado, pensamientos malsanos.

El mantenimiento de la salud y su recuperación, no es obra de magia, sino que cae dentro del ámbito de la responsabilidad moral del hombre, exigiendo el esfuerzo personal de cada uno, el cual deberá llevar una vida de acuerdo con las leyes naturales, teniendo fe en Dios y soportando las pruebas como medios de elevación espiritual.